El 57º período de sesiones de la Comisión de Estupefacientes (CND) tuvo lugar del 13 al 21 de marzo de 2014, e incluyó un segmento de alto nivel como el de 2009, que estaba concebido como un examen de mitad de período de los avances logrados con respecto al cumplimiento de la Declaración Política y el Plan de Acción adoptados en 2009 y para trazar el camino a seguir de cara al período extraordinario de sesiones de la Asamblea General de la ONU (UNGASS) sobre el problema mundial de las drogas que se celebrará en 2016. El segmento de alto nivel, en que se vivieron largas y a menudo acaloradas discusiones, culminó con una Declaración Ministerial Conjunta (DMC).

La declaración no fue fácil de lograr; entre las numerosas diferencias filosóficas y políticas, ocuparon un lugar destacado las disputas sobre el uso de la pena de muerte en los casos de delitos de drogas. Los pasajes que en principio debían tratar sobre la próxima UNGASS se abandonaron y se incluyeron, en su lugar, en la labor ordinaria de la CND, a la que le tocó proponer una resolución que conciliara las posturas encontradas.

En general, los resultados de los encuentros de este año fueron variados, lo cual refleja la situación cada vez más compleja y a menudo paradójica de la fiscalización internacional de drogas. Sin duda, fue muy positivo que la importante relación entre la salud, los derechos humanos y la política de drogas fuera objeto de una verdadera discusión y que la participación de la sociedad civil fuera en gran medida constructiva. Además, en lo que se refiere
a las peticiones abiertas para reformar la arquitectura existente de tratados, 2014 abrió nuevos horizontes. Por otro lado, sin embargo, a pesar de que el sistema de tratados parece haberse reajustado para orientarse más hacia “la salud y el bienestar de la humanidad”, la OMS sigue viéndose marginada. Y muchos países, neutralizando las  recientes voces por la reforma, se muestran resueltos a defender firmemente el orden establecido y mantener
la separación entre los derechos humanos y las políticas de drogas; así lo demostraron, por ejemplo, las diferentes posturas con respecto a la pena de muerte en la DMC. Tal como se puso de manifiesto en este punto, está claro que el mítico “consenso de Viena” sobre políticas de drogas sufre ya daños irreparables. Lo que está menos claro, de cara a la UNGASS de 2016, es cómo afrontará la comunidad internacional el creciente pluralismo en el ámbito de las políticas.

El informe completo está disponible en inglés. Su resumen ejecutivo está también disponible en español.

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