Hace tan sólo unos días, el 26 de junio, gente de todas partes del mundo salieron a las calles para hacer un llamado a poner fin a la guerra contra las drogas como parte de la segunda edición de la campaña Apoye. No Castigue. Yo estuve entre ellos, en Londres, para hacer mi voz escuchar e impulsar por políticas de drogas basadas en evidencia científica con una perspectiva humana, de salud y desarrollo. Junto con Londres, otras 80 ciudades alrededor del mundo también organizaron diversas acciones bajo el lema “Apoye. No Castigue”.

He estado trabajando en el campo de las políticas de drogas por seis años, primero en la Organización Mundial de la Salud, donde me enfrenté por primera vez con las horrendas violaciones a derechos humanos relacionadas con las detenciones forzosas a personas que consumen drogas en Asia, y luego con el Consorcio Internacional sobre Políticas de Drogas (IDPC), una red global de ONGs que promueven políticas de drogas con una perspectiva más humana y basadas en evidencia científica. Aunque la reforma de la política de drogas continúa siendo confrontada e incluso tabú, los últimos años han visto un cambio sin precedentes hacia un diálogo más abierto sobre las alternativas a la guerra contra las drogas.

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