Las políticas de drogas punitivas socavan la salud y el bienestar de nuestras comunidades en su conjunto. Sin embargo, sus efectos destructivos han recaído de forma desproporcionada en las personas que ya sufren formas de opresión múltiples e interconectadas, como la pobreza, la violencia patriarcal, el racismo, el capacitismo y la xenofobia.

Las políticas de drogas que priorizan el castigo y la criminalización alimentan y potencian estas barreras socioestructurales para la salud y el bienestar, lo que conduce a una distribución desigual de los recursos y los daños.

La reforma de las políticas de drogas puede contribuir en gran medida a abordar y reparar estas desigualdades, y proporcionar vías para que nuestras comunidades prosperen.

Con motivo del #DíaMundialDeLaJusticiaSocial, acompáñenos en un debate sobre el papel de la reforma de las políticas de drogas en el avance de la justicia social, y cómo la Estrategia del IDPC busca traducir este imperativo en acción colectiva.

Con Ann Fordham (IDPC) y Kunal Naïk (PILS).