Alguna vez mencionamos, las políticas de drogas, se mueven al calor de criterios de las autoridades, de preconceptos adquiridos, de prácticas tradicionales, o finalmente como cita Marie Nougier, se guía por temores, miedos o de subsumirse en lo irracional.

Las divergencias al tratar de abordar el problema de las drogas bajo nuevos enfoques están en controversia y esto no es extraño en Bolivia.

La práctica y las experiencias nos acercan a que si entendemos o enfocamos el consumo de drogas como problema de salud, nos impregnamos de solidaridad y sentido común, al brindar otro enfoque que evita la desvalorización de la persona.

Las posiciones encontradas son en sí, una oportunidad de actuar efectivamente, las políticas de drogas basadas en reducción de daños, despenalización y descriminalización son procesos irreversibles”

El solo hecho de conducirse de otra manera a la del común general, y en el entendido de que creemos que nuestras conductas son las adecuadas, impulsamos acciones que pueden llevar a cometer vejaciones, discriminación y abuso de derechos hacia otras personas.

Mantener la práctica y el espíritu de “combate contra las drogas” puede ser muy bien intencionado, pero sus efectos han recreado infiernos dantescos, muertes al ingerir drogas para transporte, mulas, prisiones, restricciones que se difunden y se experimentan cotidianamente.

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