El Chapare es una de las principales zonas productoras de coca en Bolivia además del hogar de pueblos indígenas de origen quechua y aymara, muchos de los cuales trabajan cosechando coca. Aun que la hoja de coca es utilizada en la producción de la cocaína, los bolivianos y muchos otros pueblos andinos la han usan como medicina, paliativo para el hambre y elemento central en ceremonias religiosas. La “guerra contra las drogas” dirigida por EE UU tubo lugar entre la década de los años 80 y 2004, año en el cual Evo Morales fue electo presidente. Esta guerra tuvo un efecto devastador en los campesinos y productores de coca del Chapare. Durante esta época, las políticas de erradicación forzosa financiadas por EE UU resultaron en conflictos violentos entre campesinos y fuerzas militares. En 2005, Morales, el primer presidente indígena de Bolivia puso un fin a décadas de erradicación forzosa. Desde entonces, el gobierno ha implementado un modelo regulatorio para el cultivo de la hoja llamado “control social.” Este se basa en esfuerzos de reducción y responsabilidad compartida entre el estado y los productores de coca. Roxana Argandoña es una productora de coca de origen quechua cuya familia ha vivido en la región por generaciones.