En 2013 ocurrió algo sin precedentes: las aspersiones para erradicar siembras de coca disminuyeron en más del 50 por ciento, y la erradicación manual también disminuyó  sustancialmente. Y sin embargo el número de hectáreas cultivadas no aumetó.

Esa es la principal conclusión del Informe “Monitoreo de Cultivos de Coca 2013”, de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Drogas y el Delito (UNODC por sus siglas en inglés).

¿Qué ocurrió? Si bien no es fácil responder al interrogante, teniendo en cuenta las muchas variables que afectan el cultivo y procesamiento de la coca, el Informe de UNODC arroja varias luces. La explicación se encontraría sobre todo en la cada vez mayor concentración de los cultivos en zonas donde el Estado no ha llegado o no ha logrado consolidarse.

El Informe de UNODC también ofrece información para identificar algunas oportunidades y desafíos en el marco del acuerdo reciente entre el Gobierno y las FARC sobre el problema del narcotráfico en Colombia. Lo que ocurra con la coca y la cocaína definirá el desarrollo agrario en varias zonas, la posibilidad de que las instituciones penetren el territorio y de que comunidades bajo la influencia de esta economía ilegal accedan a nuevas oportunidades.

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