La actual crisis se convierte en una oportunidad única para construir otro tipo de vida, otro tipo de Estado y de instituciones. Implica una disputa de sentidos sobre el mundo que queremos. Nos invita a confrontar el capitalismo heteropatriarcal, racista, colonial y prohibicionista para crear nuevos imaginarios colectivos sin estigma y sin discriminación.

En este nuevo contexto, se deberá entender que la salud es un requisito previo, además de un resultado y un indicador de las tres dimensiones del desarrollo sostenible, y que este sólo podrá lograrse cuando no haya una prevalencia alta de enfermedades debilitantes transmisibles y no transmisibles, incluidas las enfermedades emergentes y reemergentes.

EI VIH y el COVID-19 son virus, la forma de enfrentarlos implica inexorablemente replantearnos las formas de convivencia y la garantía de derechos. La relación entre ambos es clara. dejando expuestas las desigualdades sociales tanto en términos de necesidades básicas insatisfechas, como en términos de discriminación racial, clasista y xenofóbica,

Hoy, las demandas de poner fin a la pandemia, son más extensas, las personas requerimos información, autocuidado, acceso a servicios e instituciones capaces de atender y responder a la demanda, con calidad de la atención y con humanidad.

Exigimos a la cooperación internacional, incluido el Fondo Mundial, las Naciones Unidas y los gobiernos que sean cuidadosos y responsables con las reasignaciones presupuestales de recursos para la respuesta a la pandemia del COVID 19. particularmente en la atención a poblaciones clave. La prioridad en atender un virus, implica atenderlas todas, porque la salud 8 de las personas debe ser integral.

El derecho a la salud es una demanda que los estados deben cumplir; en tiempos de pandemia es aún más urgente garantizar el acceso a servicios, la calidad de la atención, y la disponibilidad de medicamentos.