En este trabajo se muestra que el delito de tráfico de drogas al que están  vinculadas no menos del 64% de las mujeres privadas de libertad del país es  una decisión que se toma en condiciones de escaza posibilidad de resolver las  necesidades básicas de la vida cotidiana. La propuesta es leer y analizar el tráfico  de drogas como una estrategia de sobrevivencia, como una actividad económica  informal a la que se dedica un grupo de mujeres con un limitado acceso al trabajo  “legal”, a las oportunidades sociales, económicas y culturales para satisfacer sus  necesidades y las de sus familias. Junto a ello, la comisión del delito, al ser una  construcción social y cultural, acarrea una serie de significados y vivencias que  implican analizarlo en el contexto en el que ocurre; en el caso de estas mujeres,  los significados que se vinculan a su acto, leído como una transgresión legal y  moral, implica una ruptura y una reelaboración de las tradicionales feminidades tradicionales o normativas.

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