Por Romina Vázquez y Jorge Herrera Valderrábano / Instituto RIA

Durante el mes de julio se celebró HIV 2020, un evento que consistió en una serie de conferencias y actividades para reafirmar el papel principal que desempeñan las comunidades en la respuesta mundial al VIH. Esta conferencia surge en respuesta a la inaccesibilidad que representaba realizar la histórica conferencia AIDS 2020, que en esta ocasión sería en San Francisco, Estados Unidos, donde las poblaciones clave se enfrentarían con barreras para entrar al país. La contingencia provocada por el COVID-19 ha hecho que ambas se realicen en la virtualidad, aunque lo que ahora ha permanecido es un liderazgo por parte de las comunidades impactadas por los temas, presente en HIV2020.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 2019 cerró con 38 millones de personas viviendo con VIH a nivel global, de las cuales 1,7 millones representan nuevos casos. Asimismo, durante ese mismo año, murieron 690 mil personas por causas relacionadas a este virus. En el marco de América Latina, ONUSIDA registró un aumento del 7% de los casos entre 2010 y 2018 en toda la región. Es importante mencionar que, la llegada del COVID-19, ha complicado en gran medida el panorama de la población con VIH, ya que 5 de cada 10 personas han presentado dificultades para acceder a su tratamiento debido a la escasez de suministros antirretrovirales. En México, las autoridades sanitarias registran en promedio dos nuevos casos de VIH y SIDA cada hora. Existen muchas maneras de contraer el virus, y en las personas que usan drogas es una situación común cuando equívocamente se comparte parafernalia, sobretodo entre quienes inyectan drogas.

Estas cifras muestran la necesidad de generar estrategias focalizadas. Las acciones actuales de la Secretaría de Salud y otras agencias estatales en materia de prevención y atención de este virus se enfocan en grupos clave o que están en situación de desigualdad, pero pocas veces se dirigen estrategias orientadas a personas que usan o inyectan drogas. Son varias las posibles prácticas de riesgo que facilitan la transmisión de infecciones entre personas usuarias de sustancias psicoactivas, sobre todo si son poblaciones vulneradas y no tienen acceso a programas de información, educación o intervenciones de reducción de riesgos y daños. Dejar de compartir material de inyección entre dos o más personas, como agujas y jeringas, es una de las estrategias principales para reducir estos riesgos.