Por Catalina Gil Pinzón

El cultivo ilícito. La mata que mata. El narco cultivo. Más cacao, menos coca. Esta ha sido la narrativa con la que crecí: existe una planta que trae muchos problemas a Colombia y por esto tenemos que erradicarla o sustituirla. No hay de otra. Y en los últimos años la historia no ha cambiado mucho. El presidente Duque solicita reanudar las aspersiones aéreas con glifosato, Estados Unidos nos amenaza con descertificarnos porque no hemos cumplido con nuestras obligaciones internacionales para luchar contra el narcotráfico y la actual Ministra del Interior afirma que la situación que se vive en el Cauca es culpa del narcotráfico.

Entonces, ¿cómo no tenerle miedo a esta planta si año tras año, tras año, tras año, hablan del cultivo de coca como si fuera el demonio mismo? Sin embargo, ¿será posible pensar en otras estrategias además de erradicar y sustituir? ¿Acaso esta planta solo sirve para producir cocaína? ¿O le podríamos dar otros usos? Para explorar si tendríamos otras opciones hablé con varias personas expertas en el tema. Y resulta que quizás sí las hay.

Antes que nada vale la pena comprender cómo llagamos hasta aquí. En el año 1961, la hoja de coca se incluye en la Lista I de la Convención Única sobre Estupefacientes de las Naciones Unidas. Esta lista contiene las sustancias que son consideradas las más adictivas y perjudiciales, así como los precursores que se pueden convertir en estupefacientes igualmente adictivos, de “probable uso indebido”. En este marco de referencia internacional es en el que se declara al cultivo de coca como ilícito y, por consiguiente, se comienza la presión por erradicar y sustituir.