Por Javier Sagredo

La sabiduría popular defiende que uno de los secretos de la felicidad es el manejo adecuado de nuestras expectativas que nos evite decepciones innecesarias, sin dejar de seguir luchando por cambiar aquellos aspectos de la realidad que no nos gustan.

La sesión especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre las drogas (UNGASS) se reunió en Nueva York durante el pasado mes de abril, y, al igual que las anteriores, ha aprobado un documento final que casa perfectamente con las remotas posibilidades de llegar a un consenso universal significativo sobre una cuestión tan compleja como la vida misma. Un producto final "descafeinado", basado en un mínimo común denominador, no puede satisfacer a todo el mundo, sobre todo a aquellos que tenían grandes esperanzas en una reforma, profunda o incluso modesta, del marco internacional de control de drogas.

Sin embargo, muchos de los actores que han participado activamente en el proceso de discusión de esta UNGASS están de acuerdo en que los resultados más importantes se dieron en el proceso de debate en sí, debido a la participación activa de nuevas voces, principalmente de aquellas comunidades, grupos y poblaciones más afectados por la aplicación de las políticas de drogas que emanan del régimen internacional. Además, este debate ha permitido la emergencia de una mayor base de evidencia, así como una mayor conciencia y preocupación por las consecuencias negativas ("no intencionales", como las denominan algunos en un ejercicio de cínico eufemismo) de la ejecución de las políticas de drogas actuales.

Leer el artículo completo.

Suscríbase a las Alertas mensuales del IDPC para recibir información sobre cuestiones relacionadas con políticas sobre drogas.

Thumbnail: Marie Nougier, IDPC