Este año, el encuetro de la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA), que reune a los ministros de asuntos exteriores, marcó un hito en el debate latinoamericano sobre políticas de drogas. Por primera vez, los temas sobre políticas de drogas fue el tema primordial del encuentro hemisférico y en una reunión a puerta cerrada de los ministros de asuntos extranjeros se presentó una propuesta para continuar con la discusión que culminó en una Sesión Especial de la Asamblea General que se llevará a cabo en 2014. La relevancia de este encuentro no debiera subestimarse. La política de drogas ha sido por largo tiempo un tema tabú en los cículos oficiales de América Latina, dado el tradicional peso de EE.UU. a la hora de definición de las políticas de drogas en la región. Como un oficial señaló, « Hace dos años no ne hubiera ni siquiera imaginado que estuvieramos teniendo este debate hoy ». La Asamblea General de Antigua, Guatemala, llevada a cabo del 4 al 6 de junio, ilustraba un reconocimiento creciente a lo largo de la región de que las actuales políticas de fiscalización de drogas están fracasando y que algunos países en particular han pagado un alto costo social, económico y político por implementar estas políticas y por tanto existe la necesidad de considerar enfoques alternativos. Sin embargo, el encuentro de Antigua, también mostró una falta de consenso en el camino a seguir.

La declaración acordada al final del encuentro, « Por una política integral frente al problema mundial de las drogas en las Américas », llama a los países a iniciar un proceso de consulta a diferentes niveles en una serie de foros nacionales y regionales, teniendo en cuenta los estudios sobre políticas de drogas recientementes y los resultados de esta Asamblea General y concluye confiando al Consejo Permanente a llamar a una Sesión Especial que se llevará a cabo no más allá de 2014. Desde el primer borrador de la declaración, los Estados Unidos, entre otros países, se opusieron a la Sesión Especial. Oficiales de Estados Unidos, mientras aparentemente acordaban la Sesión Especial en un encuentro de ministros extranjeros a puerta cerrada, buscaron hasta el último minuto suavizar el lenguaje (permitiendo al Consejo Permanente decidir la conveniencia o no de la Sesión Especial, entre otras propuestas), y en última instancia permitiendo avanzar la declaración con una nota al pie que exponiendo las preocupaciones de Estados Unidos. (Como en la Comisión sobre Estupefacientes de Viena, la OEA opera por consenso.) El proceso expuesto en Antigua asegura que la política de drogas se mantendrá entre las prioridades de la agenda hemisférica y ofrece una gran oportunidad a los países latinoamericanos de inlfuir en la Sesión Especial de la Asamblea General de la ONU (UNGASS) sobre drogas que se llevará a cabo en 2016.

El gobierno guatemalteco – y en particular el Ministro de Asuntos Exteriores Fernando Carrera- jugó un papel crucial asegurando los resultados del encuentro de Antigua. Sin embargo, es importante subrayar que los próximos encuentros hemisféricos serán en lugares donde los gobiernos son menos proclives a incluir las alternativas sobre políticas de drogas en la agenda : El próximo encuentro de la Asamblea General se llevará acabo en Paraguay en 2014 y la siguiente Cumbre de las Américas será en Panamá en 2015. Ambos países se han mantenido como firmes aliados de Estados Unidos en los temas de políticas sobre drogas.

Otro resultado positive del encuentro de la Asamblea General fue el creciente reconocimiento sobre la importancia del informe de la OEA « El problema de las drogas en las Américas » de mayo de 2013 y el estudio sobre escenarios complementario. En contraste con la tibia, sino abiertamente hostil, reacción a los informes en la reunión bianual de la CICAD el pasado mayo, en Antigua numerosas delegaciones gubernamentales subrayaron que estos informes ofrecen una importante herramienta para los debates sobre políticas de drogas. El informe de la OEA establece varias políticas de drogas alternativas que podrían ser consideradas por los estados miembros, incluídas la descriminalización del consumo y la legalización y regulación de los mercados de cannabis. De especial relevancia es que el informe llama a los gobiernos a una mayor flexibilidad al implementar las políticas de droas y la necesidad de reformas de políticas de drogas a nivel tanto nacional como internacional. En otras palabras, los informes de la OEA apuntan la posibilidad de una reforma de las convenciones de fiscalización de drogas – un tema que algunos países querrían ver en la Agenda de la UNGASS de 2016.

Sin embargo, en Antigua pocos gobiernos apoyaron alguna de las políticas alternativas sugeridas por el informe de la OEA y todavía está por verse cuantos gobiernos promoverán realmente los debates propuestos en Antigua. Quedó claro en los discursos de los distintos países sobre el tema que los países « reformistas » están todavía lejos de los que parecen ligados a la actual política. Además, el apoyo por o contra un enfoque alternativo no se establece según filiaciones ideológicas. El discurso de línea dura que apoya el enfoque de « guerra a las drogas » viene de Venezuela, Nicaragua, Panamá y El Salvador, entre otros países y se pronuncia a favor del status quo. Ni Brasil ni Argentina han articulado una agenda de reformas. El ministro de Asuntos Exteriores de Colombia dio unas muy diplomáticas declaraciones que apoyaban los infores de la OEA, pero que en su mayoría se centraban en los « logros » de Colombia en la erradicación de la coca y en la prohibición de la cocaína y en lo que el país estaba haciendo para exportar su modelo – con una orientación de seguridad-  al resto de la región.

El gobierno mexicano apoyó la Sesión Especial, pero continuó sin enseñar sus cartas.  En cuanto a los países que promovieron posturas reformistas, en la ceremonia de apertura el Presidente guatemalteco Pérez Molina dio un apasionado discurso sobre la necesidad de una reforma de las políticas de drogas. El ministro de Asuntos Exteriores de Ecuador también criticó la « guerra a las drogas » de Estados Unidos. Y, como era de esperar, el gobierno uruguayo, dio el discurso más articulado promoviendo un enfoque de salud pública y de derechos humanos sobre la fiscalización de las drogas. También subrayó la necesidad de discutir las convenciones internationales de manera que se mejore su efectividad y se asegure el respeto por los derechos individuales y colectivos. En otro evento de bienvenida, varios delegados y el Secretario General José Miguel Insulza detacaron los temas de genero. Una de las mesas redondas organizadas por la OEA fue « Mujeres y drogas en las Américas : un diagnóstico de los hechos »

Dadas las continuas divisions entre países, ¿qué podemos esperar del debate sobre políticas de drogas en América Latina? Mientras los titulares de prensa previos y simultáneos al encuentro de Antigua especularon sobre legalización, si una cosa está clara es que cualquier consenso regional a favor de la legalización y los mercados regulados de todas las drogas está en una órbita lejana. De forma más realista, son tres los posibles avances que surgirán de este debate. En primer lugar, más énfasis en el tratamiento de la dependencia de drogas como un tema de salud pública y un creciente apoyo a la despenalización de la posesión de pequeñas cantidades de drogas para uso personal. Ya son varios los países que no criminalizan la posesión para consumo personal (a pesar de que los Estados Unidos continúan siendo la principal excepción) y que no son regidos por las convenciones de fiscalización sobre drogas En segundo lugar, más énfasis en la reducción de la violencia en vez de en la reducción de la escala de los mercados de drogas, un punto destacado en el informe de la OEA. En tercer lugar, la creciente tolerancia que permite mayor flexibilidad a nivel local y nacional para experimentar con políticas apropiadas  para países, estados y ciudades concretas. En última instancia, alcanzar un consenso sobre la reforma de las convenciones sobre drogas será un proceso largo y dificil. Mientras tanto, las reformas vendran de abajo- a partir de la experimentación local y nacional con políticas de fiscalización de drogas alternativas- y deberían contribuir a guiar el debate sobre las políticas de fiscalización de drogas. Permitir que tal experimentación florezca es un paso necesario hacia el desarrollo y la implementación de políticas de drogas más humanas y efectivas.