Sobre la Conferencia Internacional realizada el 25 y 26 de junio en Lima, Perú - la Conferencia Internacional de Ministros de Relaciones Exteriores y Jefes de Organismos Nacionales Especializados contra el Problema Mundial de las Drogas - se originaron muchas expectativas. Esta tuvo tres ejes centrales trabajados por las delegaciones de 65 países y 10 organismos internacionales participantes (oferta, demanda y desarrollo alternativo).

Desde la sociedad civil se esperaba el establecimiento de medidas concretas y operativas que demuestren un renovado interés político por parte de la comunidad internacional respecto al control del narcotráfico. Sin embargo, hubo mucha restricción a la prensa  y a la participación de la sociedad civil, a pesar del pedido explícito del Centro de Investigación Drogas y Derechos Humanos (CIDDH) para participar como observador.

Se esperaba que mencionadas medidas quedaran cristalizadas en una declaración política que incentivara el compromiso y los medios para ejecutarlas. Sin embargo, el resultado fue la Declaración de Lima, un documento de carácter político diplomático que, en sus contenidos, establece lineamientos muy generales de cooperación y compromisos débiles para abordar el fenómeno.

Salvo compromisos y declaraciones bilaterales específicos entre el Perú y Francia, la Federación Rusa y la Unión Europea, por separado, las conclusiones de los paneles de trabajo de Reducción de la Demanda, Reducción de la Oferta y Desarrollo Alternativo se orientaron a reconocer el estado de la problemática, además de establecer consensos genéricos sobre las mejores políticas para contrarrestar el problema de las drogas. Sin embargo, no existió documento ni mecanismo alguno que estableciera las medidas concretas para asegurar la realización de las mencionadas políticas y lineamientos generales.

Aún con los compromisos de cooperación bilateral mencionados, persiste una sensación de que la Conferencia Internacional pudo haber conseguido más resultados orientados a la concretización y aterrizaje de los objetivos de la Declaración Política y Plan de Acción antidrogas de Viena 2009 (su motor original), sobre todo cuando la comunidad latinoamericana se encuentra en un período de reflexión para el estudio de alternativas a las políticas actuales (mandato a la OEA, VI Cumbre de las Américas). Sin embargo, detrás del discurso político, la reunión de Lima solo nos deja muchos compromisos diplomáticos, pero pocas iniciativas tangibles.

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