Por Gloria Rose Achá / Opinión

La Criminología feminista propugna una comprensión de la delincuencia de las mujeres sin los estereotipos sexistas de las teorías tradicionales androcéntricas sobre la “desviación”, que consideraban a las mujeres involucradas en delitos como “raras”, por no mantener su confinamiento en el hogar ni cumplir con sus obligaciones de cuidado familiar. El reproche social era por el incumplimiento de los roles de género establecidos.

Lejos de este enfoque, la Criminología de influencia feminista promueve una comprensión real de los delitos cometidos por mujeres, desde la particularidad de cada tipo delictivo y sus factores predisponentes, considerando las desigualdades de género en la sociedad patriarcal, por lo que el sexo y el género forman parte de las variables de análisis.

La expresión máxima del sistema punitivo es la cárcel. En Bolivia, las mujeres conforman un 7% de la población carcelaria, porcentaje reducido que contribuye a invisibilizar su realidad frente al 93% de hombres encarcelados.

Solo hay cuatro cárceles para mujeres en el país: Obrajes y Miraflores en La Paz, San Sebastián Mujeres en Cochabamba, y la cárcel de Mocovi en Beni; mientras que, en los demás departamentos, las mujeres ocupan ambientes separados dentro las cárceles de varones.