Por Andrés Bermúdez Liévano

Este artículo forma parte del  Proyecto Coca II – Misión Rural. Para ver todos los contenidos haga clic acá.

Pedro José Arenas conoce como pocos el problema de las drogas en Colombia. Lo conoce porque literalmente creció entre coca: de adolescente fue raspachín en uno de los cocales del sur del Meta y de Guainía, entonces dos de los epicentros de cultivos del país.

Más adelante —como diputado, representante a la Cámara por Guaviare y finalmente alcalde de San José— tomó la bandera de hacer visibles salidas alternativas a la problemática de la coca. Su convicción: más que fumigación aérea o erradicación forzada, para superar la coca los campesinos necesitan inversión en vías, salud, educación, veterinarios, agrónomos y acceso a mercados. Esto quiere decir que Arenas ha sido uno de los defensores de la solución que hace casi un año quedó plasmada en el Acuerdo de paz con las Farc (hoy todavía lejana en el terreno).

Con el tiempo, Arenas se convirtió en la voz de los campesinos y de esa solución en conferencias sobre drogas en todo el mundo, incluida la Asamblea Especial de Naciones Unidas (Ungass) en 2016.

Hace dos años, este hombre fundó el Observatorio de Cultivos y Cultivadores Declarados Ilícitos (Occdi), desde donde viene monitoreando —con los datos que recibe de comunidades y asociaciones campesinas en todo el país— los avances de los procesos de erradicación y sustitución de la coca.

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Thumbnail: Flickr CC Jay Joslin