Bolivia, se conmueve ante la llegada del Papa Francisco, el pontífice alienta a fomentar el diálogo y la participación sin exclusiones, en temas  de unidad cristiana, la familia, la ecología de la madre tierra, justicia, privados de libertad.

El sucesor de Pedro pisará suelo boliviano el miércoles,  las autoridades intentan mostrarle una imagen de justicia y bienestar, se apresuran para aprobar normas ágiles que brinden rapidez con solidaridad en los procesos de aquellos que perdieron su libertad.

Reconocen su Mea Culpa, por  el descuido estatal que  afectó  a los  más pobres, los utilizados, los que no lograron acomodo en una sociedad excluyente, que fueron impulsados a cometer delitos  menores o de poca monta, obligados a micronegociar  o consumir sustancias controladas,  aquellos cuyos hogares fueron las calles, aquellos que  no tuvieron puertas donde repique la oportunidad, que a esta hora, este mismo momento   acomodan sus huesos en  espacios y rincones reducidos,  lugares inimaginables de dolor y olvido, dentro  “las cárceles de Bolivia”

Por esta razón las autoridades bolivianas y el propio presidente, que por tercera vez impulsa medidas de aliviar la sobrepoblación penitenciaria, promueven   preocupados en que el peregrino Francisco, encuentre un ambiente carcelario menos traumatizante del que  muestra ahora, impulsan, dictan y continúan con medidas temporales, cuyo objeto es disminuir o disimular  la injusticia, el hacinamiento y el dolor de miles de bolivianos, abriendo por tercera vez  las rejas, por donde saldrán la esperanza, la solidaridad y el crédito en  la justicia.

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