Por: Brun González

Durante mucho tiempo han existido mecanismos sociales que permiten salirse un poco de las normas convencionales y disfrutar de distintas formas de expresión creativa o artística, estimulación sensorial y limitaciones o regulaciones más flexibles que en otros contextos.

Es necesario proveer de información acerca de las distintas sustancias que se pueden encontrar en estos entornos, las implicaciones de su uso y las distintas recomendaciones de reducción de daños que pueda haber para prevenir o
al menos reducir el impacto negativo a la salud que cada sustancia en específico pudiera provocar.

Además de la información, es importante tener alguna manera de introducir cierto tipo de control de calidad, o de testeo y análisis de las sustancias que se piensa consumir. En muchos casos, las iniciativas de reducción de daños incluyen análisis con reactivos colorimétricos para detectar la presencia ‐ o ausencia ‐ de determinadas sustancias, y cuando es posible, se ha llegado incluso a implementar la cromatografía de capa fina como una opción que permite corroborar el contenido completo y desglosado de una muestra específica (pastilla, cuadrito de papel secante, polvo, cristal, etc.).

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