Barcelona: Los clubes cannábicos resisten el embate policial

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Barcelona: Los clubes cannábicos resisten el embate policial

9 septiembre 2026
Rebeca Carranco
El País

Cuando los Mossos dibujan el origen de la expansión del cultivo y consumo de marihuana en Cataluña, convertida en un hub europeo, suelen apuntar a los clubes cannábicos en Barcelona. La proliferación de asociaciones que luchaban por el derecho de los consumidores de marihuana fue parasitada por el crimen organizado, que vio una oportunidad de oro para enmascarar el tráfico de drogas, a pequeña, pero también a gran escala. Ocurrió en 2012. Los clubes se multiplicaron, hasta alcanzar los 200, una cifra que se mantiene estable en los últimos años. En 2023, con la llegada de Collboni al Ayuntamiento, los socialistas se fijaron un objetivo: cerrarlos. Tres años después, la situación se mantiene prácticamente igual. “Seguiremos presionando una actividad que no debería tener cabida en nuestra ciudad”, ha asegurado este martes en rueda de prensa el responsable de Seguridad de Barcelona, Albert Batlle, en la presentación de un nuevo plan en la lucha antidroga.

Acompañado del máximo mando de la Guardia Urbana, el intendente mayor Pedro Velázquez, el tercer teniente de alcalde ha desgranado la nueva estrategia municipal para atajar el tráfico de drogas en la ciudad, y todos los problemas de convivencia, seguridad, sociales y de salud que lleva aparejado. Bautizado como plan Druida, se basa en incluir en su manera de trabajar cinco ejes, de forma transversal: los puntos de venta, la actuación administrativa, la viaria, la asistencia sanitaria y la sensibilización sobre el consumo de drogas. Uno de esos puntos incluye la presión a los clubes cannábicos, que hasta el momento no ha surtido efecto en la ciudad. Con pequeñas fluctuaciones, siguen existiendo unas 200 asociaciones activas.