En memoria de Peter Krykant

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En memoria de Peter Krykant

16 diciembre 2025
Fidel Moreno
Cáñamo

Carta de despedida a Peter Krykant, el hombre valiente que desafiaba con imaginación las políticas de drogas del Reino Unido.

He sabido con tristeza de tu suicidio. No tuve la suerte de conocerte personalmente, pero seguía la pista de tus andanzas desde 2020, cuando tuneaste una furgoneta Ford Transit para convertirla en la primera sala de consumo supervisada de Reino Unido, una sala móvil por los alrededores de Glasgow, con jeringuillas limpias para un consumo higiénico, naloxona preparada para revertir sobredosis y una atención informada y amable. Consumidores acostumbrados a los callejones y al desprecio de las miradas ajenas encontraban en tus cuidados, y en la taza de té y la barrita Mars de chocolate y caramelo que solías ofrecerles, un trato humano que restablecía su dignidad. ¿Quién era ese valiente que desafiaba con imaginación las políticas de drogas del Reino Unido?

Tu plan se concretó en febrero de 2020, después de asistir con rabia a una conferencia del Gobierno escocés sobre muertes por drogas celebrada en Glasgow, un día antes de que el Gobierno británico celebrara otra sobre el mismo tema, también en Glasgow. En lugar de ponerse de acuerdo y sumar esfuerzos, las administraciones –en manos de políticos que actuaban en beneficio de sus ambiciones partidistas–, competían entre sí. Decidiste hacer algo. Viajaste hasta Copenhague para reunirte con activistas que habían puesto en marcha, desafiando la ley, una sala de consumo móvil en 2011, propiciando un cambio en la legislación que permitió crear una red de salas de consumo supervisado en Dinamarca con servicios de análisis de drogas, disposición de jeringuillas, escáneres de venas que facilitan la inyección o antibióticos para tratar las infecciones. A tu vuelta de aquel inspirador viaje, aplicando los conocimientos que atesoraste durante la larga década que te habías dedicado al márquetin y a la venta, abriste un crowdfunding para comprar y adecuar la furgoneta como sala móvil de inyección segura. El primer donante fuiste tú, con 500 libras que pusiste de tu bolsillo; en una semana habías recaudado 2000 más. Como dicen los expertos en la nueva publicidad, el márquetin de hoy empieza ayer. Porque lo que los viejos explicarían como pasar la gorra antes de actuar te sirvió como un primer golpe de efecto mediático que agitó el debate sobre la necesidad de adoptar políticas de reducción de riesgos y daños y no seguir insistiendo en la senda criminal de la prohibición de las drogas. Además de comenzar tu campaña antiprohibicionista, la recolecta reunió el dinero necesario para tunear una Ford Transit, a la que apodaste “El Tanque”, y ponerla a rodar en septiembre de aquel año 2020.

En un mundo lleno de cobardes, las decisiones valientes salen caras. Conocido tu plan no tardaron en despedirte de tu empleo como trabajador social especializado en VIH para la organización benéfica Waverley Care. No sería la primera vez, ni la última, ni la más dolorosa, en que comprobarías en tus propias carnes, la dificultad que tienen las instituciones y las organizaciones para incluir en sus estructuras a los activistas que más hacen por la causa. Porque, ¿acaso no iba Peter, con su sala de consumo supervisado, a frenar los contagios del VIH entre otros beneficios sanitarios para una población estigmatizada?