“El mercado de las drogas prospera”, es uno de los mensajes clave del Informe Mundial sobre drogas de la ONUDD de 2017. Es una importante admisión por parte de la agencia de la ONU que lleva el liderazgo en cuestiones sobre drogas, sobretodo considerando que estamos a menos de nueve meses de 2019 – la fecha límite con la cual hace diez años se comprometieron los Estados miembros para “reducir o eliminar de manera significativa” el mercado global de drogas. El mes pasado, durante la reunión anual de la Comisión de Estupefacientes (CND) de la ONU en Viena, el fracaso abismal para resaltar cualquier tipo de avance hacia estos objetivos hacia “un mundo libre de drogas” fue el trasfondo de la última ronda de negociaciones sobre el régimen global de control de drogas.

La presión sobre el sistema de control de drogas de la ONU continúa aumentando luego de la UNGASS de 2016. En la reunión de la CND del año pasado, resultaba claro que un nuevo paradigma estaba emergiendo, con los derechos humanos, la salud pública y el desarrollo sostenible tomando un lugar central en los debates. Sin embargo, este avance no es del gusto de todos los Estados miembros, y pudiésemos considerar que esta última reunión de la CND fue la más controvertida y fragmentada hasta la fecha. El llamado consenso sobre drogas está tan resquebrajado que resulta una memoria distante y en rápido desvanecimiento. De esta semana agitada, resaltamos a continuación cinco lecciones significativas que condensan el tono y ánimo del debate de la ONU sobre las políticas de drogas.

1. Ser [libre de drogas] o no ser [libre de drogas]?

Las negociaciones más tensas y difíciles giraron en torno a la “resolución de modalidades” para los preparativos y el proceso a seguir hacia el “Segmento ministerial” pautado para marzo de 2019. El segmento ministerial debería ser el momento en el cual los Estados miembros lleguen a un entendimiento sobre el camino a seguir de ahora en adelante, puesto que el acuerdo en vigor que contiene los objetivos hacia un mundo “libre de drogas”, la Declaración Política y Plan de Acción de 2009, expira en 2019. Los Estados miembros, en general, se reparten en dos grupos en lo que concierne este tema: algunos proponen extender y reafirmar los objetivos de 2009, y otros se oponen diametralmente a esto y buscan que la próxima fase de las políticas de drogas a nivel de la ONU se base en el documento de resultados de la UNGASS. Esta lucha entre el acuerdo de 2009 y el documento de resultados de la UNGASS ha estado latente por muchos meses y alcanzó un punto crítico durante estas negociaciones. En particular, el progreso en materia de derechos humanos que representa el documento de resultados de la UNGASS resulta anatema para los gobiernos que se mantienen firmemente comprometidos con respuestas en materia de control de drogas ancladas en la represión.

Las negociaciones sobre las modalidades para 2019 comenzaron en Viena, un mes antes de la reunión de la CND, y continuaron durante toda la semana de la CND en sesiones informales a puerta cerrada. Pese a esto, en poco lograron acordarse los Estados miembros, a pesar de que una sesión en particular continuó hasta las 3 de la mañana y que nuevas versiones del documento negociado se producían cada día. En el último día, la presidenta de la CND (México), sin duda exasperada, presentó una versión drásticamente acortada de la “resolución de modalidades”, la cual fue aprobada al final de la reunión. Sin embargo, incluso después de su adopción, un grupo de países liderado por Rusia, tomo la palabra para leer una declaración expresando su descontento con el proceso y aparentemente rechazando la última versión que se acababa de adoptar de manera unánime. La incapacidad de lograr un acuerdo sobre lo que debería ser una resolución simple y “de proceso” pone de relieve el disenso emergente y creciente en Viena. Finalmente, no hubo interés en esbozar un proceso de revisión o evaluación sobre la existencia de avances hacia las metas de 2019 - quizás porque la respuesta resulta evidente; pero, una vez más, esto demuestra una inercia contraproducente por parte de la CND.

2. “Sin tomar en cuenta los derechos humanos, las consecuencias son devastadoras” – Informe de la Junta internacional de Fiscalización de Estupefacientes de 2017

Este año 2018 marca el 70º aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos, y la dimensión de derechos humanos de las políticas de drogas continúa cobrando importancia en Viena y más allá. António Guterres, el Secretario General de la ONU, abrió la sesión de la CND con una comunicación en video y, en pocas palabras, avaló el documento de resultados de la UNGASS y llamó la atención sobre la necesidad de proteger los derechos humanos:

“Con el consenso logrado en la Sesión Especial de la Asamblea General de la ONU como nuestro marco, podemos promover esfuerzos para poner coto al crimen organizado al tiempo que protegemos los derechos humanos, facilitamos el desarrollo, y aseguramos tratamiento y apoyo basado en derechos”

El Secretario General de la ONU, António Guterres, se dirige a la plenaria de la CND. Foto: Harm Reduction Coalition.

La presencia y visibilidad de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos (ACNUDH) en la CND fue también incomparable a ocasiones previas, con tres declaraciones hechas por su representante durante la plenaria. La semana anterior, en su actualización mundial sobre situaciones preocupantes en materia de derechos humanos, el Alto Comisionado para los Derechos Humanos exhortó a los estados miembros a “examinar la eficacia y el impacto sobre los derechos humanos de los enfoques actuales en relación a la llamada “guerra contra las drogas”. Una semana después de la CND, el 23 de marzo, el Consejo de Derechos Humanos acordó una segunda resolución que reafirma que los derechos humanos deben ocupar un papel central en las políticas sobre drogas a nivel mundial. Esta resolución encarga al ACNUDH a producir un reporte que revise la puesta en marcha de las provisiones de derechos humanos contenidas en el documento de resultados de la UNGASS, haciéndole seguimiento al informe de 2015 que precedió a la UNGASS.

La Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes fue lo más firme que ha sido hasta ahora en resaltar el rol de los derechos humanos en el control de drogas. Esto lo refleja el prólogo a su último informe, pero también las declaraciones que el órgano hizo durante la sesión de la CND. Que los derechos humanos sean ahora centrales en la retórica de la CND es un avance importante y bienvenido, pese a que las realidades en el terreno, en materia de erradicación forzada, tratamiento obligatorio y detención de personas que usan drogas, ejecuciones extrajudiciales y el uso de la pena de muerte (para nombrar algunos) ilustran cómo queda aun mucho trabajo para que esta retórica se traduzca en cambios reales. Como un recordatorio potente de este desafío, el fin de semana precedente a la reunión de la CND, el presidente Trump reiteró su llamado a imponer la pena de muerte a los traficantes de drogas en respuesta a la crisis de sobredosis que atraviesa Estados Unidos, felicitando a Singapur por su enfoque. Singapur, por su parte, llevó a cabo dos ejecuciones relacionadas a delitos de drogas antes y después de la semana de la CND, y declaró pública y orgullosamente que su política “de cabeza fría” funciona (pese a que los expertos refuten enfáticamente esta afirmación).

3. Decirle No al Estigma

Canadá y Uruguay presentaron una resolución sobre “acabar con el estigma” debido a que genera obstáculos para el acceso a servicios por parte de las personas que usan drogas. Se trató de una moción valiente considerando el entorno de la CND, donde algunos gobiernos lamentablemente consideran que el estigma es una cuestión positiva y necesaria como medida de prevención a las drogas. Sin embargo, luego de negociaciones largas y polémicas (que también se extendieron hasta la medianoche en el penúltimo día), la resolución fue acordada, pese a que el titulo fue cambiado a “promover actitudes no estigmatizantes” (en vez de “acabar con el estigma”) y que el contenido fue diluido. La resolución también puede haber encontrado una resistencia fuerte debido a la oposición política e ideológica a las iniciativas de regulación de cannabis que tienen lugar en los dos países que propusieron originalmente la resolución. Pese a su dilución, esta resolución representa un progreso crítico en Viena y habría sido impensable hace unos pocos años. El llamado a “pedir opiniones y contribuciones de usuarios de drogas” en el desarrollo de políticas y programas fue retenido en el texto, y es un paso en adelante crucial en el camino hacia la participación genuina y sustantiva de las personas que usan drogas. Otras resoluciones progresivas adoptadas incluyen una sobre la prevención de la trasmisión de VIH y hepatitis de madre a hijo para las mujeres que usan drogas, y una sobre la necesidad de abordar las necesidades de los miembros vulnerables de la sociedad. Desafortunadamente, ninguna de estas resoluciones menciona de manera explícita la reducción de daños, puesto que ello sigue siendo difícil en el marco de la CND. Sin embargo, Alemania sometió a la consideración de la CND un documento de conferencia sobre “la importancia de la reducción de daños para las personas que usan drogas”, apoyando la expansión del concepto, que hasta ahora sólo se ha aceptado en la CND en relación con la inyección de drogas y la prevención del VIH.

4. La sociedad civil – Más fuerte, visible y creíble que nunca

Participantes de la reunión de orientación del IDPC posan para una foto de grupo. Foto: Steve Rolles
Este año verdaderamente pareció que los esfuerzos de larga data para mejorar la participación y visibilidad de la sociedad civil a nivel de la CND han comenzado a dar frutos. Las tensiones habituales entre Estados miembros y sociedad civil parecen haberse disipado a un nivel casi imperceptible, y la relación entre estos actores parece más simbiótica que en años precedentes. Muchos representantes de la sociedad civil lograron reunirse con las relegaciones de gobierno y compartir sus perspectivas sobre las resoluciones y los debates. Una victoria evidente fue la mención, en la versión de la resolución sobre modalidades adoptada por la plenaria, al Grupo de Trabajo de la Sociedad Civil (CSTF, por sus siglas en inglés), la cual ha sido relanzada para asegurar una participación sólida de la sociedad civil en el camino hacia el Segmento Ministerial de 2019. Las organizaciones de la sociedad civil también estuvieron a cargo de la organización de un gran numero de eventos paralelos sobre temas complejos que aún no pueden ser discutidos propiamente en el debate oficial, como la regulación legal, la reducción de daños, la situación de los defensores de los derechos humanos y la devastadora guerra contra las drogas en Filipinas. Clave en todo esto, los grupos de la sociedad civil continúan dando protagonismo a voces de las comunidades más afectadas, dándoles plataformas durante la sesión para que provean sus testimonios personales sobre como las políticas de drogas les ha afectado directamente. Estas perspectivas constituyen un importante “golpe de realidad” sobre lo que suele ser una discusión abstracta y fría. Los esfuerzos de incidencia política de la sociedad civil han impactado positivamente la discusión a nivel de la ONU sobre políticas de drogas, como lo demuestra el documento de resultados de la UNGASS y el cambio en el tono del debate que le ha seguido.

5. Temas tabú que continúan creciendo…

La CND continua a verse obstaculizada por su incapacidad de abordar de manera genuina tanto la realidad como respuestas efectivas basadas en la evidencia. Los acontecimientos que tienen lugar en el mundo real, sea la regulación del cannabis, la necesidad urgente de salas de consumo más seguro para reducir muertes por sobredosis, o las ejecuciones extrajudiciales cometidas en nombre de la fiscalización de drogas rara vez aparecen en el debate formal.

Panel del evento paralelo “Regulando el cannabis en acuerdo con la legislación internacional”. Foto: Tom Blickman (TNI).
En lo concerniente al cannabis, Canadá mencionó una vez más su plan para regular el mercado este año, notando que después de un siglo de “control de drogas” su disponibilidad no flaquea y que la prohibición no ha servido para proteger a las personas más jóvenes. Otros Estados miembros expresaron su oposición a la regulación (incluso a la descriminalización). Más allá de la formalidad de la plenaria, hubo un número de eventos paralelos enfocados en la regulación, incluyendo uno por Colombia sobre “los usos y mercados legales para el cannabis, la coca y la adormidera”, uno sobre la regulación de la coca y la cocaína, y uno en el último día de la reunión que exploró las tensiones de los tratados de la ONU en la materia y oportunidades para avanzar. Más allá de ello, Uruguay organizó una sesión informativa para la sociedad civil sobre los avances de su política nacional sobre drogas, explicando su modelo de regulación del cannabis. Hubo también eventos paralelos sobre los daños y peligros de la regulación legal, pero por ahora una discusión genuina y honesta no aparece en la discusión oficial.

La crisis de sobredosis de Norteamérica también fue una preocupación clave y fuertemente subrayada por Canadá y los Estados Unidos en sus declaraciones, pero sus proposiciones para hacerle frente fueron muy diferentes. Estados Unidos se enfocó en las medidas coercitivas y llamó a una mayor cooperación internacional sobre la prevención de la producción y tráfico ilícito del fentanilo (que también fue el tema de una de las resoluciones que presentaron, y que inicialmente no incluía lenguaje sobre la prevención de la sobredosis – una ausencia que fue paliada durante las negociaciones), mientras que Canadá habló de expandir las salas de consumo supervisado para prevenir sobredosis en su territorio. Reflejando otros avances críticos del mundo real, la CND aún tiene como patea pendiente el abordar la crisis de sobredosis de manera sustantiva y alejarse de la retorica represiva para avanzar hacia un foco genuino en la reducción de daños. Esto continúa ocupando un sitio clave en las tensiones que tienen lugar en Viena, lo cual continuará dificultando progresivamente más la posibilidad de alcanzar a un consenso sobre políticas de drogas.