Bogotá, Colombia. Una muestra más del creciente ímpetu con el que se mueve el debate internacional sobre política de drogas se vivió en días pasados la ciudad de Bogotá. Y es que la capital colombiana fue, entre el 15 y el 17 de mayo, la sede de la VII conferencia anual de la Sociedad Internacional para el Estudio de la Política de Drogas (ISSDP por sus siglas en inglés) y del lanzamiento del “Informe sobre el problema de las drogas en las Américas” que produjera la Organización de Estados Americanos (OEA).

La importancia de dichos eventos, lejos de ubicarse en la dimensión obvia de servir al debate en tanto que encuentro de expertos y/o insumo técnico para informar la toma de decisión, se concentró en dos particularidades esenciales: 1) la decisión de realizar un evento académico de tal envergadura en la región como una ratificación de que América Latina es el epicentro de la reforma de la política de drogas y 2) la presentación de un informe que, en su tiempo impulsado y cabildeado por el propio presidente Santos, consagra la apertura definitiva de un debate serio, científico y libre de dogmas que, por primera vez, incluye la regulación legal de los mercados de drogas como una opción real y deseable de política pública.

No es coincidencia que, tras 7 años de historia en los que dicha conferencia no había salido nunca de Estados Unidos y Europa, la ISSDP haya decidido hacerlo aquí y ahora. Queda claro que la insostenible realidad latinoamericana hizo de nuestros países no sólo un objeto de estudio sino un sujeto activo de la discusión en tanto que albergue de una pujante masa crítica de líderes políticos, académicos y representantes de la sociedad civil que mueven el debate aquí más rápido que en cualquier otro lugar del mundo.

Por otro lado, es precisamente en América Latina donde el liderazgo de presidentes en función que, habiéndolo intentado todo bajo el modelo prohibicionista sin necesariamente obtener buenos resultados, sirvió para romper el tabú sobre un debate largamente pospuesto que ahora no busca hacer lo mismo sino explorar nuevas alternativas. En este sentido, tampoco es coincidencia que el proceso de revisión que vimos culminar –y mejor dicho, empezar- con la presentación de este informe, surgiera en el marco de la VI Cumbre de las Américas y se anidara en el seno de la Organización de Estados Americanos.

Compuesto por dos reportes, a la vez distintos y complementarios, el Informe sobre el problema de las drogas en las américas realizó un amplio estudio técnico del consumo, producción, tránsito, comercio y dimensión del negocio de las drogas en el Hemisferio, examinando al mismo tiempo las políticas públicas adoptadas para enfrentar los problemas, de salud pública, ilegalidad y violencia que suscitan, así como su impacto social y político en nuestras sociedades. A las conclusiones de este estudio se le denominó Informe Analítico.

De manera complementaria se desarrolló también un Informe de Escenarios en el que no se muestra la realidad que es sino la que podría ser. Los escenarios, presentados como un conjunto de narrativas cuyo horizonte temporal va de 2013 a 2025, expresan cuatro posibles desarrollos de políticas diferenciadas que, sin ser mutuamente excluyentes, ponen el énfasis principal en áreas distintas como la seguridad, la reforma jurídica del sistema internacional de fiscalización de drogas, la reconstrucción del tejido social y el conflicto internacional.