Por Diego Olivera para Montevideo Portal

Hace tres años, en la noche del 18 de julio de 2017, a quienes integrábamos el Instituto de Regulación y Control del Cannabis del momento, nos costó conciliar el sueño. A la mañana siguiente comenzaría a funcionar uno de los primeros sistemas legales de expendio de cannabis psicoactivo para uso adulto del mundo. Un hito que implicó la culminación de una ansiosa espera y fue producto de una gran cantidad de trabajo acumulado.

Hasta altas horas de la noche, los técnicos del equipo permanecieron chequeando el complejo sistema informático, el cual se había desarrollado para permitir el control de las cantidades vendidas y la comprobación de que los compradores estuvieran previamente registrados en las oficinas del Correo Nacional, proporcionando esta información al vendedor sin exponer ni vulnerar los datos identificatorios del cliente.

Las empresas encargadas de la producción habían tenido que lidiar con las dificultades propias de una actividad que, a esa escala, nunca se había llevado adelante en suelo uruguayo. Solo una de ellas pudo cumplir el cronograma previsto y abastecer a los puntos de venta, luego de una carrera que incluyó múltiples ajustes en el proceso agronómico y el montaje de los procesos de secado y envasado, cumpliendo con las exigentes especificaciones de calidad que se habían establecido y que fueron controladas por el departamento técnico del IRCCA y del Ministerio de Salud Pública.