Por Daniel Sánchez Caballero / Eldiario

El mundo cannábico se agita ante la inminencia de lo que parece inevitable. Pese a que probablemente aún sea más deseo que realidad, los diferentes actores con intereses en el sector ven la regulación cercana y se ubican para estar en la mejor posición posible cuando ocurra.

Por un lado está la industria, que se mueve ante la (creen) inminente regulación del cannabis en España como la última gallina de los huevos de oro y que hablan, al menos de momento, sobre todo de cannabis medicinal porque saben que es más fácil que se regule. Por otro, los movimientos sociales que llevan años peleando por montar un sistema de consumo centrado en el usuario, con los clubes sociales de cannabis (CSC) como eje y la regulación integral como objetivo irrenunciable.

Los lobbies se mueven. Más de 200 empresas de todo el mundo se han reunido este lunes en Madrid en el congreso de Cannabis Europa para hablar del estado del sector en España y Europa, de regulación, de los pacientes, para explicar los últimos avances en investigación científica y para hablar del mercado. Posibilidades de inversión, opciones de negocio e impedimentos para el mismo se han discutido durante toda la jornada, con una visión común entre los inversores: "La oportunidad de negocio en España es tremenda. España tiene las condiciones, los profesionales y la aceptación social para hacerlo", resumía un inversor. Si se legaliza. "Cuando se legalice", corrige otro. El mercado se calcula en unos 58.000 millones de euros en Europa.

Un tercer grupo entre inversores y movimientos sociales son los pacientes que utilizan el cannabis con fines medicinales –sobre todo como paliativo del dolor–, que respaldan el activismo civil pero que tienen como objetivo que la regulación llegue lo más rápido posible y creen que la regulación integral, siendo deseable, es más improbable por el momento.