En las primeras horas de la mañana del 29 de agosto, Iván Márquez, antiguo comandante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y principal negociador de paz en la Habana, se unió con otros dos antiguos comandantes guerrilleros para anunciar su regreso a las armas, casi tres años después de la histórica firma del acuerdo de paz con el gobierno colombiano. Su decisión es un llamado de alerta para la mayoría de los colombianos y la comunidad internacional que está comprometida con la paz: el momento crítico para redoblar los esfuerzos y asegurar la implementación completa de los acuerdos de paz es ahora.

Este nuevo llamado a las armas es una reacción a la falta de voluntad política para implementar todos los aspectos del proceso de paz y al perturbador incremento de la violencia en los últimos años, tanto por acciones de grupos armados, como ataques a líderes sociales, que ha impedido la realización de las promesas más transformativas del acuerdo, como la reforma rural integral, la sustitución de cultivos de uso ilícito, y los espacios políticos seguros para la oposición pacífica.

En particular, las carencias del gobierno colombiano en apoyar la reintegración de excombatientes, y los constantes ataques a las iniciativas de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), han hecho poco para incrementar la fe que el alto mando y demás miembros de las FARC puedan depositar en el acuerdo. El asesinato y desaparición de 126 excombatientes han sustentado el argumento de que el desarme los ha dejado expuestos a una nueva campaña de violencia. El futuro de los 24 Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR) también ha causado incertidumbre en los desmovilizados, pero su transformación hacia 13 espacios permanentes y 11 reubicaciones debe ser un bastión para la permanencia de los desmovilizados en el marco de la paz. Como agravante, el gobierno estadounidense ha fallado en demostrar apoyo público hacia el acuerdo de paz, una desconcertante señal para Colombia de que el apoyo estadounidense está disminuyendo.  

A pesar de todo, una paz duradera sigue al alcance de Colombia. Fundamentalmente, el partido político de las FARC ha reafirmado su compromiso con la paz y criticado la declaración de sus disidentes. Sigue sin estar claro cuántos de los más de 13,000 desmovilizados acudirán al llamado a las armas de los disidentes.