Por Eduardo Vergara, Director Fundador de Asuntos del Sur y Observatorio Latinoamericano de Políticas de Drogas

Hasta hace poco, el debate sobre políticas drogas estaba lleno de tabúes, imprecisiones y cooptado por coloridas conveniencias políticas. En consecuencia, las soluciones para ‘el problema de las drogas’, al ser monopolizadas por corrientes conservadoras que encontraban en una sociedad subyugada por el miedo, la mano dura y la represión, la solución única para llegar al utópico mundo libre de drogas, hicieron del prohibicionismo y la represión los pilares centrales para articular una forma de contener el uso de las drogas ilegales y al mismo tiempo mostrar éxitos en las políticas de control y seguridad. Esta lógica se expandió por el mundo, pero de especial manera por Latinoamérica.

Este enfoque, de la mano con una profunda desproporcionalidad en las penas (por comercializacióon o uso), resultó en significativos aumentos en las detenciones y altas tasas de encarcelamiento, contribuyendo en gran parte a la crisis carcelaria que vive hoy la regiòn. Al mismo tiempo, las políticas preventivas, al ser basadas en supuestos ideológicos y conveniencias morales, no lograron reducir el uso de drogas, incluso resultando en que las mismas leyes que las intentaban prohibir causaran efectos más negativos sobre la sociedad que el mismo uso. En suma, jóvenes, mujeres y quienes menos tienen, pagaron los mayores costos. Pero como si esto fuera poco, el mismo sistema prohibitivo ayudó a que una serie de organizaciones criminales y grupos menores obtuvieran millonarias ganancias gracias a la producción y la venta de drogas, permitiendo de fácil manera que gracias a ellos financiaran sus actividades delictivas y criminales. La guerra contra las drogas resultó en una bochornosa derrota.

Pero Uruguay nos sorprendió. “Alguien tiene que ser el primero”, esta fue la frase con la que en junio del 2012 el presidente de Uruguay José Mujica sorprendió a una sumisa región y a quienes cuestionaban su osado plan de legalizar la marihuana. En simple, tenía mucha razón, para lograr cambios de fondo se requería principalmente coraje.

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