Informe elaborado por María Margarita Fontecha y Justina Walker. Con el apoyo de Silvia Sarapura, profesora asistente en la escuela de Diseño Ambiental y Desarrollo Rural de la Universidad de Guelph y Ángela María Penagos, directora de la iniciativa agroalimentaria de la Universidad de los Andes.

Cerca de 41% de los cultivadores de coca en Colombia tienen menos de 19 años (Garzón et al., 2018). Esto se debe en gran medida a que sus familias y comunidades se han dedicado a esta actividad económica por años. El cultivo de la coca tiene riesgos muy altos. Implica la persecución por parte del ejército, ya que es una actividad considerada como ilegal y tiene una relación directa con grupos armados ilegales (Acero & Thomson, 2021). Sin embargo, en los territorios donde hay cultivos de coca las características del territorio han limitado el desarrollo rural y las ganancias por el cultivo no se han reflejado en el mejoramiento de la calidad de vida de las comunidades (Garzón et al., 2018). Desde la falta de mercados o circuitos cortos de comercialización, infraestructura, instituciones que han limitado el acceso a recursos como créditos, hasta el insuficiente fortalecimiento de capacidades e insumos para el cultivo de otros productos explican la complejidad de una realidad que aún estamos lejos de conocer.