Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) fueron adoptados en 2015, y consisten en 17 objetivos y 169 metas que marcan un plan de acción que guiará la agenda de desarrollo internacional por los siguientes 15 años1 . Desde entonces, se han generado importantes debates sobre cómo se alcanzarán los Objetivos, pero un tema muy relevante que ha quedado a un lado es el de las políticas en materia de drogas. Este reporte tiene como objetivo atender esta brecha, informar el debate y demostrar cómo las políticas para el control global de las drogas pueden coadyuvar a la consecución de distintos ODS. Desde mediados del siglo XX, las políticas globales de drogas han girado alrededor de la prohibición estricta y la criminalización del cultivo, producción, comercio y consumo, con la intención de lograr un mundo sin drogas. La llamada “guerra contra las drogas” no sólo ha fallado, también merma los esfuerzos de combate a la pobreza, mejora en el acceso a servicios de salud, protección del medioambiente, reducción de la violencia y la protección de los derechos humanos de algunas de las comunidades más marginadas en el mundo2 . El presente reporte explica algunas de las repercusiones que los actuales esfuerzos para el control de las drogas han tenido frente a los esfuerzos de cooperación para alcanzar un desarrollo sostenible. También resalta áreas específicas de incompatibilidad e incoherencia entre las políticas de desarrollo y las de control de drogas y presenta sugerencias para atenderlas. Dichas incongruencias deben ser reconocidas y atendidas si queremos alcanzar los nuevos objetivos y metas que tiene la agenda para el desarrollo sostenible. El sector de desarrollo se ha mantenido en gran medida fuera del debate para reformar las políticas sobre drogas, pero no puede mantenerse en silencio si realmente se quieren lograr los ODS.

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