Auge y declive de la prohibición del cannabis

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Auge y declive de la prohibición del cannabis

28 marzo 2014

La planta del cannabis se ha utilizado con fines espirituales, medicinales y recreativos desde los albores de la civilización. En este informe, el Transnational Institute y el Observatorio Global de Políticas de Drogas (GDPO) repasan minuciosamente la historia del control internacional y cómo el cannabis terminó incluido en el actual sistema de fiscalización de estupefacientes de la ONU.

El cannabis fue condenado por la Convención Única de 1961 sobre Estupefacientes como una sustancia con “propiedades particularmente peligrosas” y prácticamente sin valor terapéutico alguno.

La realidad política de hoy día, con mercados regulados de cannabis en Uruguay, Washington y Colorado, está en conflicto con las convenciones de la ONU y pone sobre la mesa el debate en torno a las opciones de reforma del régimen mundial de control de drogas. Ahora que las grietas en el consenso de Viena han llegado al extremo de violación de los tratados, este debate ya no es una mera fantasía reformista. Las opciones fáciles, sin embargo, no existen; todas conllevan dificultades procedimentales y obstáculos políticos. El escenario más probable para avanzar en la cuestión parece hallarse en una iniciativa coordinada de un grupo de países afines que decidan evaluar posibles vías y acordar una hoja de ruta para el futuro.

Existen buenas razones para cuestionar el modelo de prohibición que imponen los tratados al control del cannabis. La inclusión original del cannabis en el marco actual no solamente es el resultado de procedimientos dudosos, sino que ha aumentado enormemente el conocimiento que se tiene sobre la droga en sí, sobre la dinámica de los mercados ilícitos y las consecuencias no deseadas de las estrategias represivas de control de drogas. El modelo prohibitivo no ha logrado tener un impacto sostenido en la reducción del mercado, pero sí ha generado una importante carga para los sistemas judiciales penales, ha causado impactos sociales y de salud pública profundamente negativos, y ha creado mercados delictivos que fomentan la delincuencia organizada, la violencia y la corrupción.

Tras acomodar durante largo tiempo diversas formas de desviación de sus principios prohibitivos, como hacer la vista gorda ante los mercados ilícitos de cannabis, la descriminalización de la tenencia para uso personal, los coffeeshops, los clubes sociales de cannabis y los programas de marihuana medicinal, el régimen ha llegado a un momento decisivo. La actual tendencia legislativa hacia la regulación legal de los mercados de cannabis como modelo más prometedor para proteger la salud y la seguridad de las personas ha cambiado el panorama de la política de drogas y los términos del debate. La cuestión a la que se enfrenta la comunidad internacional hoy en día ya no es si es necesario evaluar y modernizar el sistema de control de drogas de la ONU, sino más bien cuándo y cómo.

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