A la vista de las tensiones actuales en la esfera de la política internacional en materia de drogas, no resulta sorprendente que la publicación emblemática de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD), el Informe Mundial sobre Drogas 2013, manifieste un sentimiento defensivo. 

A este respecto, se puede aprender mucho del informe. Por ejemplo, como esta respuesta al informe demuestra, debajo del mensaje ligeramente engañoso sobre la estabilidad de los mercados para las drogas tradicionales, se revela un escenario similar al del año pasado: uno de crecientes complejidades y flujos, con particular énfasis en la emergencia de un amplio abanico de nuevas sustancias psicoactivas. 

Sin embargo, resulta más decepcionante que el Informe promueva un mensaje persistente sobre el hecho de que las estructuras de control de drogas internacionales todavía son más o menos eficaces a nivel global y que el mercado de drogas manejado por las convenciones sigue siendo “estable”. Más allá de esto, el problema de las nuevas sustancias psicoactivas se utiliza como un enrevesado intento de subrayar la efectividad del marco de control existente. En realidad, la proliferación de estas sustancias en si misma destaca la e incertidumbre con la que el mercado ilícito de drogas evoluciona. 

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