El tráfico de armas de Estados Unidos (EEUU) hacia México es un tema central de la relación bilateral, estrechamente relacionado con el tráfico de drogas y particularmente con la violencia letal desplegada por las organizaciones mexicanas de traficantes. La violencia es un recurso potencial de cualquier negocio ilegal, pero su escalamiento actual está en gran medida asociado a la disponibilidad de armas de alto poder como las que se trafican desde EEUU hacia México. También, a las divisiones y disputas entre los cabecillas de las organizaciones de traficantes por los liderazgos y la hegemonía en el campo del tráfico de drogas, las rutas, los mercados, otros ámbitos de diversificación de la renta criminal y de poder, y a su creciente enfrentamiento con las policías y las fuerzas armadas. Sin olvidar, por supuesto, que las propias debilidades de las instituciones de seguridad y procuración de justicia del Estado mexicano, y las decisiones de quien lo dirige para disminuir o neutralizar las capacidades de las organizaciones criminales en esas circunstancias, son condiciones de posibilidad que incentivan la violencia de los traficantes de drogas ilegales.

La disponibilidad de las armas en sí misma no genera necesariamente la violencia, pero si se manifiesta permite que ésta adquiera dimensiones mayores y que sea muy difícil contenerla. Los traficantes obtienen armas cada vez más sofisticadas y a precios muy asequibles gracias a las facilidades del mercado estadounidense. El tráfico de armas, al igual que el de las drogas, implica una relación de corresponsabilidad entre los países de origen y de destino; las responsabilidades y las capacidades de los estados son diferentes y las acciones y políticas que deben emprenderse también.