El pasado 31 de julio de 2013, la Cámara de Diputados de Uruguay aprobó un proyecto de ley con el que da un paso más para convertirse en el primer país del mundo que regula legalmente la producción, la distribución y la venta de marihuana.

El presidente uruguayo José Mujica, del Frente Amplio (FA), propuso por primera vez que se regulara la marihuana en junio de 2012, como parte de un paquete de 15 medidas concebidas para luchar contra la delincuencia y la inseguridad pública. El proyecto de ley inicial constaba de un único artículo, por el que, básicamente, todos los aspectos del mercado quedaban sometidos al control del Gobierno. Durante el año que ha transcurrido desde entonces, un equipo de especialistas jurídicos uruguayos ha estudiado distintos modelos para la regulación de la marihuana en todo el mundo y ha reformulado el proyecto de ley hasta convertirlo en un exhaustivo texto de 44 artículos.

El proyecto de ley aprobado el 31 de julio contempla cuatro formas de acceso a la marihuana: la marihuana medicinal para pacientes autorizados por el Ministerio de Salud Pública, el cultivo doméstico de hasta seis plantas, la venta bajo licencia en farmacias y la afiliación a clubes en que hasta 45 miembros pueden cultivar colectivamente 99 plantas. El proyecto de ley también presenta importantes novedades en materia de reducción de daños, ya que pone el acento en la salud pública y la seguridad. El texto prohíbe la venta a menores de edad, conducir bajo los efectos de la planta y todo tipo de publicidad. Pero puede que lo más significativo sea que el proyecto de ley prevé invertir recursos en ámbitos como la salud, la educación, el tratamiento y la prevención del uso problemático de drogas.

Source: http://mg.co.za/article/2013-08-01-uruguay-to-create-legal-dagga-market

Si bien la iniciativa para la regulación de la marihuana recibió el apoyo del Plenario Nacional, el organismo de dirección permanente del FA, y de una coalición heterogénea de destacadas organizaciones y personalidades uruguayas que forman parte del grupo Regulación Responsable, el destino del proyecto de ley se reveló incierto hasta el último momento. El día de la votación, el FA no estaba seguro de disponer de los 50 votos que necesitaba para dar luz verde al proyecto de ley, ya que el diputado frenteamplista Darío Pérez, que había manifestado sus divergencias con la iniciativa, aún no había confirmado su voto. El FA ocupa 50 de los 99 escaños de la Cámara Baja uruguaya, y como todos los partidos de la oposición habían recurrido a la disciplina de partido en contra del proyecto de ley, el voto de Pérez era de una importancia crucial.

Tras nueve horas de debate parlamentario, Pérez, finalmente, tomó la palabra. Al acabar su intervención –20 minutos llenos de tensión–, el diputado anunció que iba a respaldar el proyecto de ley porque, con o sin ley, las drogas no dejarán de existir. Sus palabras precipitaron la salida de la Cámara de tres diputados de la oposición y, tras la votación, el proyecto de ley fue aprobado por 50 votos a favor y 46 en contra. El proyecto de ley debe presentarse ahora ante el Senado, donde seguramente será aprobado antes de que finalice este año.

Son cada vez más los líderes políticos latinoamericanos, tanto en activo como retirados, que abogan por poner fin a la guerra contra las drogas y buscar alternativas. Los presidentes Juan Manuel Santos en Colombia y Otto Pérez Molina en Guatemala han sumado sus voces a las de los expresidentes Fernando Henrique Cardoso (Brasil), César Gaviria (Colombia), Ernesto Zedillo (México) y Ricardo Lagos (Chile), y coinciden en que llegó la hora de ‘romper el tabú’ sobre posibles alternativas a la fracasada guerra contra las drogas. En mayo de 2013, la Organización de los Estados Americanos (OEA) presentó un informe encargado por jefes de Estado de la región en el que se prevé que en los próximos años se produzca un giro hacia la legalización de la marihuana en todo el continente. Con la aprobación de esta iniciativa, Uruguay dará un paso más en el debate regional sobre alternativas a la prohibición de las drogas y planteará un avance concreto en sintonía con la creciente retórica mundial que no cree en la guerra contra las drogas.

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