El mundo entero está pendiente de la votación de los legisladores uruguayos respecto al cannabis. Lo que decida próximamente el Uruguay sobre su proyecto de regulación de la marihuana tendrá indudablemente repercusiones regionales y globales.

El debate al interior del país se ha prolongado por más de un año y no ha estado exento de fuerte polémica. Por el momento la votación en la Cámara de Diputados ha sido aplazada, según informes de la prensa, probablemente hasta finales de julio.

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Mientras algunos sectores políticos se oponen al proyecto o divergen sobre la manera cómo éste debería implementarse, cada vez más se dejan oír las voces de apoyo por parte de la sociedad civil que se expresa a través de Regulación Responsable, una plataforma que agrupa a organizaciones y a individuos que apoyan la iniciativa de la regulación de la marihuana en el Uruguay. Ellos sostienen que “... un ajuste en las políticas de drogas surge de la convicción de que regular el mercado de marihuana en el Uruguay permitirá gestionar de mejor manera los potenciales riesgos y perjuicios de su uso en nuestra sociedad”.

Asimismo, el Sindicato Médico del Uruguay ha destacado el uso de la marihuana terapéutica para  mejorar la calidad de vida y los síntomas de pacientes con algunas enfermedades. Según el psicólogo clínico y farmacólogo español José Carlos Bouso  existe “evidencia científica que permite afirmar que la marihuana se puede utilizar en determinados tratamiento médicos para mejorar la situación vital del paciente”. Pro mientras el mercado no esté regulado le será difícil al sector de la salud proponer el uso médico de la sustancia sin exponer al paciente a situaciones de ilegalidad por el contacto con el mercado negro.

Una adhesión importante a la corriente pro-regulación de la marihuana en Uruguay ha sido la del expresidente del Brasil y presidente de la Comisión Global de Políticas de Drogas, Fernando Henrique Cardoso, quien en una reciente columna pública en la prensa latinoamericana ha expresado su apoyo a la iniciativa, haciendo notar que bajo el actual estado de desregulación, el usuario está atado al mercado ilegal que “no rechaza la venta a menores, ni expresa preocupación por quienes desarrollan consumos problemáticos”. Estas serían también las ventajas de la regulación, la protección de los sectores más vulnerables.

Todos los ojos están puestos en el Uruguay. Este país podría tener la oportunidad de demostrar en la práctica que hay modelos alternativos a la prohibición del cannabis.

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