Por Avelina Fonseca, politóloga, activista feminista y panelista en Viajes Violetas.

Los feminismos se pueden definir a partir de diversas teorías, según dónde nos posicionamos, pero un elemento fundamental es la lucha por la emancipación de todas las mujeres, y en ese sentido, nos posicionamos desde el feminismo interseccional que reconoce y cuestiona los múltiples ejes de violencia que atraviesan de forma diversa y entrecruzada la vida de las mujeres y sus entornos, rompiendo con la concepción universalista de la experiencia de ser mujer.

Vivimos una época de transformación profunda, las condiciones en que se desarrolla la vida están mutando, junto con ellas la sociedad y, de manera más lenta, las instituciones. El feminismo es la revolución más grande del mundo, sin embargo, el avance y las estrategias de lucha son múltiples, y desde nuestra perspectiva se requieren alianzas estratégicas con otros movimientos sociales para lograr transformaciones profundas. La matriz de opresión sexogenérica es sólo una más de las opresiones, la clase, raza y origen geográfico tienen implicaciones igual de importantes en la vida de las personas y sus comunidades.

Tenemos que ir mucho más allá de la “igualdad de oportunidades”, pues se hace necesario cuestionar el acceso general a dichas “oportunidades”, es decir la repartición de la riqueza y la justicia. La grave desigualdad que experimentamos no se va resolver ofreciendo las mismas oportunidades a hombres y mujeres, sino desmontando un sistema que gira en torno a la generación de plusvalía, concentrada por una mínima parte de la población a costa de la explotación del resto, a lo que se suma la sobre explotación de los medios para la vida: aguas, territorios, fauna, ecosistemas.