La red de atención a las personas que usan drogas tiene una mirada marcada por el androcentrismo, por lo que las mujeres que usan drogas sufren más estigma que los hombres, lo que provoca el menor acceso de las mujeres a los recursos y servicios a la drogodependencia. Cuando las mujeres llegan, mayoritariamente es tarde porque sufren culpa, vergüenza y, en el caso de ser madres, miedo a la retirada de la custodia de los niños. Además, muchas veces los servicios no son adecuados para ellas porque no se las tiene en cuenta.

Para intentar cambiar esta situación nació ya hace unos años, Metzineres, un espacio exclusivo para mujeres de reducción de daños en el que lo más importante son las mujeres que acuden y sus necesidades. Para Aura Roig, especialista en drogas, género y reducción de daños de Metzineres, hace falta un cambio en las políticas y sobre todo frenar la guerra contra según qué drogas, ya que “sus consecuencias son peores, más problemáticas y han generado mucho más dolor que las mismas drogas”.