Cuando hablamos de posibilidades y alternativas para afrontar el problema mundial de drogas, descuidamos el verdadero motivo del debate sobre ellas,  decenas de años de  afronte belicoso, “La Guerra contra las Drogas” , y  cuáles fueron sus consecuencias; Miles de consumidores ocasionales o crónicos privados de libertad, violados por los Estados en sus más elementales derechos, muchos olvidados, abandonados o ya fallecidos, otros tantos ocultos en las penumbras de los barrios bajos de las grandes ciudades, muchos más enredados en el microtráfico, y pocos gozando de sus ganancias,  fortaleciendo el crimen.

El pánico, la inseguridad es ya común, tememos del vecino, o visualizamos  delincuentes por su apariencia desconfiamos  de las instituciones del orden, ocurre en cada familia, barrio, urbe, frontera, indefensión ese es el nombre, no hay límites, solo temor,  riesgo,  dolor y muerte.

¿Qué hacemos con las drogas, cambiamos, debatimos, llamamos a la consciencia para descriminalizarlas, despenalizarlas o legalizarlas?

Este mes es crucial en las Naciones Unidas, la sesión especial sobre qué hacer con las drogas, lo irónico es que se tratará en los salones del país cuyo poder económico incentiva el mayor consumo y lapida con responsabilidades a los países que producen las mal llamadas “plantas ilícitas”, como la marihuana, la coca y la amapola.

En nuestro país, hablar de descriminalizar o legalizar las drogas, es todavía un mito, pero se acepta que las plantas en estado natural son beneficiosas para la salud, criterio  aplicable para la hoja de coca, problema que fue  felizmente superado por sus beneficios terapéuticos, sociales y culturales.

Sin embargo ocurre actualmente con la marihuana, está pasando el mismo trance de la coca, por esto tratamos de que se la utilice por sus virtudes medicinales.

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