El problema de las drogas: ¿es el consumo o la prohibición?

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El problema de las drogas: ¿es el consumo o la prohibición?

20 septiembre 2023
Rodrigo Uprimny

El desenfoque del discurso del canciller Leyva no es un problema menor, pues demoniza a los consumidores y lleva a aceptar, sin grandes modificaciones, el actual régimen internacional prohibicionista.

El canciller Leyva, en su discurso la semana pasada en la Conferencia Latinoamericana y del Caribe sobre Drogas, en Cali, dijo que los responsables del 80 % de la violencia en nuestros países son los países consumidores porque es elemental que sin demanda de drogas no habría oferta. Y que, por eso, habría que realizar una conferencia internacional para “trancar el consumo” en esos países que están produciendo “por sus vicios” nuestras tragedias.

Este discurso puede sonar progresista, porque le echa la culpa de nuestras miserias a los países desarrollados, y lógico, pues parece obvio que sin demanda de cocaína no habría oferta y no habría narcotráfico. Sin embargo, esa tesis del canciller no solo es equivocada, sino que reproduce visiones moralistas de los ochentas, que alimentaron la guerra contra las drogas.

Las palabras de Leyva recuerdan el discurso en 1988 de Nancy Reagan en las Naciones Unidas cuando dijo casi lo mismo: que Estados Unidos tenía que eliminar la demanda de cocaína y enseñarle a los gringos a decirle “no a las drogas”, incluso arrestando y castigando a los consumidores, porque esa demanda era la que provocaba la violencia en Colombia. Y acuñó esa frase famosa: los carteles de cocaína y sus violencias no empiezan en Medellín sino “en las calles de Nueva York, Miami, Los Ángeles, y cada ciudad americana en que se vende y compra crack”.

El resultado de este discurso de Reagan fue terrible: contribuyó a la aprobación unos meses después de la Convención de Viena de 1988 sobre narcóticos y estupefacientes, que reforzó el régimen internacional de prohibición. Y sirvió de soporte moralista a la criminalización despiadada de los consumidores y pequeños distribuidores en Estados Unidos, que fueron vistos como aliados de los carteles. En los 10 años siguientes, la población encarcelada en ese país se duplicó, pasando de unos 600.000 internos en 1988 a 1′250.000 en 1998. La gran mayoría por delitos menores de drogas.

Ese discurso Reagan-Leyva es, además, equivocado: no es el consumo per se el que alimenta el narcotráfico y las violencias en nuestros países. Es el régimen internacional el responsable por cuanto al prohibir el consumo recreativo de ciertas sustancias, como la cocaína o el cannabis, genera el narcotráfico, con sus corrupciones y violencias, para abastecer la demanda por esos productos. La razón es obvia: si no estuvieran prohibidas, la demanda por esas sustancias no generaría violencias y corrupción sino la posibilidad de exportaciones dinámicas benéficas para nuestros países, como ha sucedido con sustancias sicoactivas no prohibidas, como el café o el tabaco, o los vinos chilenos o argentinos.

Este desenfoque del discurso de Leyva no es un problema menor pues demoniza a los consumidores y lleva a aceptar, sin grandes modificaciones, el actual régimen internacional prohibicionista, que ha hecho que un problema social de salud pública (el posible abuso o consumo problemático de ciertas sustancias sicoactivas) se haya convertido, por las mafias, con las violencias y corrupciones que las acompañan, en una amenaza existencial a nuestras precarias democracias en América Latina. Por eso la enorme decepción que produce el documento final aprobado en la conferencia de Cali, que aunque tiene algunas innovaciones, como incorporar las “Directrices Internacionales sobre Derechos Humanos y políticas de drogas”, respalda el actual régimen internacional prohibicionista, pues expresamente insta a los Estados a cumplir con esos tratados, no a intentar modificarlos.

Sería bueno saber si Leyva expresa o no la posición de Petro en este tema para que tengamos claro si en materia de drogas estamos frente al gobierno del cambio o frente a un retorno a los años ochenta del siglo pasado.