De Lisa Sánchez y Víctor Gutiérrez

Entre el 19 - 21 de noviembre de 2019 se llevó a cabo, en la ciudad de Miami, Florida, el sexagésimo-sexto periodo ordinario de sesiones de la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas (CICAD), el órgano consultivo y asesor de la OEA sobre drogas. Normalmente esto no sería noticia de no ser porque en esta última ocasión identificamos importantes retrocesos que contrastan con el lento pero constante progreso que habíamos registrado en este espacio desde 2014.

Desde entonces a la fecha, los periodos ordinarios de la CICAD habían experimentado una apertura sin precedentes a temas emergentes y tradicionalmente excluidos de la agenda gubernamental como los Derechos Humanos en el marco del control internacional de drogas, la regulación legal del cannabis, la reducción del daño en ambientes festivos y la implementación de las recomendaciones operativas de la UNGASS 2016. Sin embargo, en esta última ocasión, las cosas cambiaron y se hizo muy evidente que la posición del organismo volvió al default de reducción de oferta y demanda como si en más de seis periodos no hubiésemos discutido nada más.

¿Qué cambió? En términos macro, el péndulo político y el liderazgo de la comisión –que pasó de países con visiones menos punitivas como Bahamas y México a otros de línea más dura Estados Unidos. En términos micro, el no mantenimiento de prácticas recientemente adquiridas donde se permitía el involucramiento significativo de la sociedad civil en la planeación y ejecución de un panel con temas y ponentes que complementaban la agenda oficial y eran traídos de todos los rincones del continente sin el apoyo económico de los Estados o la Comisión.

Por esta pérdida de esquemas de colaboración en favor de las formas tradicionales de Estados que invitan a su sociedad civil, esta reunión atestiguó el regreso de discusiones y prácticas nacionales que apuntan hacia la criminalización y la estigmatización, así como al punitivismo en contra de las personas que usan drogas, la falta de servicios de tratamiento, la persistencia de los tratamientos obligatorios y forzados y la militarización del control de drogas.

Un claro ejemplo de esta situación es la renovada centralidad de las cortes de drogas en la agenda de la Comisión, misma que en años anteriores se había difuminado en favor de otras medidas alternativas que podían activarse incluso antes de la judicialización de los casos y que tenían el potencial de romper el círculo vicioso entre consumo de drogas y sistema de justicia penal.

En este sentido, recordemos que en foros anteriores existieron paneles dedicados exclusivamente a los esfuerzos regionales por implementar y dar seguimiento a las recomendaciones operativas de UNGASS, en donde se hizo hincapié en las obligaciones en materia de derechos humanos, desarrollo, reducción de daños e incluso se promovieron alternativas como la despenalización efectiva de la posesión de drogas para uso personal. Visión que fue ignorada durante la exposición de los paneles en esta ocasión.

Otro ejemplo sobre la regresión que hubo en este sexagésimo periodo ordinario de sesiones de la CICAD, fue el olvido total de las intervenciones de la sociedad civil, quienes en su momento permitieron visualizar temas tan delicados como el acceso a servicios de prevención, tratamiento y cuidados en VIH dirigidos a usuarios de drogas, la generación de evidencia científica para la formulación de políticas de drogas abandonando el tradicional discurso criminalizante, y la exposición de las lecciones aprendidas como fruto de la intervención local desde la sociedad civil con personas que usan drogas.

Como consecuencia de este panorama, denunciamos a través de una declaración de la sociedad civil a nombre de México Unido Contra la Delincuencia (MUCD), del Centro de Estudios de Derecho, Justicia y Sociedad – Dejusticia, Intercambios Asociación Civil, la Oficina de Washington sobre América Latina (WOLA) y de este Consorcio Internacional de Política de Drogas (IDPC), la ausencia de un espacio para compartir las lecciones aprendidas desde la sociedad civil. Nos entristece que, en esta ocasión, el foro se perdió de conocer experiencias, acciones e investigaciones que se generan desde este espacio. Por lo tanto, hicimos un respetuoso llamado para que la diversidad de voces sea incluida en las próximas reuniones que celebre la CICAD.