Este año esperaba que la 56a sesión de la Comisión de Estupefacientes fuera tan deprimente como las previas a las que había asistido.  Con tantas organizaciones en el mundo trabajando por cambiar las políticas sobre drogas y por reenfocar la atención en los daños que estas generan en individuos, familias, comunidades y países, asistir a la CND es a menudo una constatación de la lentitud de los cambios, a veces microscópicos, en este foro internacional de políticas sobre drogas.

Cuando el encuentro comenzó se hizo evidente que había algo diferente en la atmosfera este año. Por un lado el bullicio habitual en torno a la presencia del zar de la droga EE.UU. estaba extrañamente ausente de los actos – su presupuesto para viajes había sido víctima de los recortes presupuestarios y Gil Kerlikowski se quedó en casa este año. Ninguna lástima, dada la tortuosa tarea que su equipo ha debido pasar redactando los apuntes de su discurso para explicar la reciente situación en Colorado y Washington donde los votantes aprobaron resoluciones que hacían real un régimen de regulación legal del uso no médico del cannabis.

Evo Morales, presidente del estado plurinacional de Bolivia, se dirigió en su discurso de apertura a la Comisión agradeciendo a los delegados haber permitido que Bolivia se uniera de nuevo a las convenciones con la reserva que aparece en la constitución de Bolivia, que defiende el uso de la hoja de coca como parte del patrimonio cultural de Bolivia. El presidente Morales continuó preguntando porque había tensión en la sala y se preguntó si estaba relacionado con saber que “la lucha contra las drogas ha fracasado globalmente”. Prosiguió acusando a los Estados Unidos de intentar obligar a Bolivia a frenar su cultivo de coca a través de amenazas y vinculando la erradicación de cocas con la construcción de escuelas en los años 80. Las palabras de Morales fueron severas cuando observo mordazmente que los esfuerzos para fiscalizar el control de drogas están entrelazados con otras metas geopolíticas de control y dominancia. Declaraciones tan atrevidas son extrañas en los foros públicos de la CND.

El discurso de apertura del director de la ONUDD, Yury Fedotov, fue una interesante mezcla de lo viejo y lo nuevo. Mientras que aseveró que hay progresos hechos en el problema mundial de las drogas, Fedotov reconoció que la política internacional de fiscalización de drogas no podía permanecer aislada de las mejoras en los servicios de VIH y que no podía ignorar la discriminación y la falta de servicios basados en la evidencia para usuarios de drogas.

Durante la sesión de la sociedad civil con la ONUDD, Fedotov estuvo animado y pareció recibir la apertura del debate en una sesión en donde afloraron varias cuestiones enfocadas en una reforma de políticas de drogas.

Otro respire de aire fresco en el evento de este año fue el ministro de finanzas de Nueva Zelanda, Peter Dunn, quien se dirigió a la Comisión y explico la nueva e innovadora legislación que estará ante el Parlamento de NZ en otoño y que abordará varias de las nuevas sustancias psicoactivas que están apareciendo casi a diario y que no están clasificadas en los tratados. Bajo la legislación propuesta, el proyecto de ley sobre sustancias psicoactivas, todas las nuevas sustancias serán prohibidas a no ser que el productor pueda probar que no suponen riesgo para la salud. En vez de prohibir las nuevas sustancias inmediatamente, el gobierno de Nueva Zelanda planea hacer recaer en la industria la responsabilidad de garantizar que sus productos son seguros y si estos pasan el examen serán clasificados en un marco regulatorio que permitirá ventas al por menor bajo determinadas condiciones.

Cuando fue preguntado sobre como este proyecto había sido recibido por otras delegaciones, el ministro Dunn dijo que había un gran interés en la legislación propuesta y que los países están observando de cerca sus resultados.

La revisión de las políticas sobre drogas en el hemisferio occidental  por parte de la  Organización de Estados Americanos, que recibió este mandato en la última cumbre de las Américas en abril de 2012, fue también un tema de interés en tanto cuanto que las expectativas comienzan a crecer ahora que la revisión finalizará en los próximos dos meses.

Este año se registró un número récord de asistencia de organizaciones no gubernamentales a la Comisión de Estupefacientes, algo que insufló nueva energía en el proceso. El Consorcio Internacional sobre Políticas de Drogas (IDPC) tuvo una presencia fuerte y ofreció informes sobre la CND, así como sobre las resoluciones clave que se debatían, así como varios eventos paralelos que aparecieron en el programa. IDPC organizó varios eventos paralelos excelentes en colaboración con las delegaciones de países o con otras organizaciones no gubernamentales que cubrían temas críticos relacionados con los convenios internacionales y el estado actual del diálogo y el debate sobre políticas de drogas mundiales. Los eventos tuvieron mucha concurrencia, siendo ésta representativa de la amplia variedad de personas de delegaciones de los países, así como la comunidad de ONG.

En todos estos años, la CND tuvo algunos momentos interesantes si sabes leer los posos del café y escuchar los rumores de los pasillos. Mi visión es que hay un reconocimiento implícito, sino explicito, de que el escenario de la política de drogas está cambiando, nuevos enfoques están siendo considerados y los países están comenzando a exigir un debate más amplio en políticas sobre drogas. Para la CND, continua siendo relevante acoger estos debates como una oportunidad importante en las futuras reuniones de la Comisión.

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