La voz de Colombia en la reforma a la política internacional de drogas

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La voz de Colombia en la reforma a la política internacional de drogas

12 mayo 2026

Colombia llegó a esta Comisión de Estupefacientes (CND), tal como se llega al final de una carrera: sin aliento.

Desde el inicio del Gobierno Petro, Viena fue uno de los focos centrales de su apuesta de liderazgo internacional en política de drogas. Las dos grandes iniciativas fueron una revisión independiente del sistema de prohibición y la solicitud ante la Organización Mundial de la Salud (OMS) de revisar la clasificación de la hoja de coca. Ambas cuestionaban las premisas del régimen actual, y entre 2024 y 2025 los esfuerzos diplomáticos se centraron en conseguir los apoyos políticos para sostenerlas.

Para la CND 69, el tablero era otro. La beligerancia de Estados Unidos —su uso de la guerra contra las drogas como herramienta de interferencia geopolítica— dejó poco margen para sostener el impulso reformista. Y desde diciembre de 2025, la decisión de la OMS de mantener la hoja de coca en su clasificación actual cerró otra puerta: una decisión peligrosa que parece poner los intereses políticos por encima de la evidencia científica.

La propia Comisión fue un termómetro del momento que atraviesa el multilateralismo. Se negociaron apenas cinco resoluciones —frente a las quince o veinte habituales— y por segunda vez en la historia, todas fueron a votación. El viejo “espíritu de Viena”, ese consenso que avanzaba a costa de excluir las posiciones más críticas, se resquebrajó. China, India y Estados Unidos pidieron voto en distintas resoluciones, aunque todas terminaron aprobándose con mayoría suficiente. La puerta sigue abierta, en teoría, para temas de salud pública y derechos humanos. Pero el estancamiento es elocuente: muchos países reconocen estos enfoques en el discurso sin aplicarlos ni financiarlos, ni en casa ni mediante la cooperación internacional.


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