Por Cristina Alexandra Delgado

El ser humano usa objetos entre -ellos las drogas- se relaciona con ellos y crea relaciones, todas desprendidas de la significación otorgada por el sujeto que las utiliza. Las drogas han acompañado al ser humano a lo largo de la historia y sus usos han sido y son diversos, todos ligados a símbolos, necesidades, contextos socio culturales, históricos, políticos, económicos.

A pesar de esto las drogas -a diferencia de otros objetos usados por las personas- han sido caracterizadas como entes con poderes mágicos que por sí solas tienen propiedades de afectar al ser humano sin la compleja mediación de sus contextos.

La droga vista como un agente externo que daña a la sociedad tranquiliza y sirve para evitar afrontar los malestares sociales. Pretendemos que la sociedad sería perfecta sin las drogas, adjudicando la responsabilidad de los conflictos sociales a un objeto que supuestamente está fuera de la decisión personal y colectiva.

Frente a la “epidemia” de las drogas la actitud natural es la lucha contra ellas -la guerra contra las drogas- se justifica así que todos luchemos contra algo inerte bajo el supuesto que los usos de drogas no responden a un fenómeno sociocultural dinámico que interactúa en la cultura e historia de los colectivos. Bajo este pensamiento la droga es abordada como un ser vivo que por sí sólo afecta a las personas ante lo cual la prevención se convierte en evitar que los sujetos se “expongan” a ella como si se tratara de un virus que puede ser contagiado.

Leer aquí el artículo completo. 

Suscríbase a las Alertas mensuales del IDPC para recibir información sobre cuestiones relacionadas con políticas sobre drogas.