Dado que se trataba del primer encuentro de este tipo desde 1998, la Sesión Especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas (UNGASS) sobre drogas había generado una gran expectación. Entre los distintos actores concernidos por el tema y orientados a la reforma reinaba un evidente sentimiento de urgencia. Sin embargo, las esperanzas de conseguir un avance decisivo parecieron desvanecerse cuando se aprobó el documento final de la UNGASS, por consenso, en el acto de apertura de la Sesión Especial.

La negociación del documento final ha sido blanco de críticas por la opacidad del proceso preparatorio y sus tímidos resultados. El texto final, que ocupa un total de 27 páginas, dista mucho de ser el “documento breve, sustantivo, conciso y orientado a la adopción de medidas” que había prometido ser, y no refleja de manera adecuada el amplio debate que tuvo lugar en Viena, Ginebra y Nueva York desde que se convocó la UNGASS en 2012. También ha sido duramente criticado, entre otras cosas, por no admitir de forma explícita las consecuencias catastróficas del enfoque excesivamente punitivo en materia de control de drogas, por seguir fomentando un mundo “libre del uso indebido de drogas” y por el hecho de que la mayoría de los párrafos más progresistas incluyen expresiones que dan lugar a salvedades, como “según proceda” y “de acuerdo con la legislación nacional”.

Pese a todo, la UNGASS y su documento final representan un hito clave en el debate internacional sobre el control de drogas. En primer lugar, los debates en torno a la UNGASS hicieron patente las fracturas en el ‘consenso’ global en el ámbito del control de drogas, dado que los países mostraron su discrepancia sobre temas fundamentales como la pena de muerte, la reducción de daños, la despenalización, la regulación de los mercados de drogas y las consecuencias negativas del régimen actual. Y en segundo lugar, aunque el documento final no satisfizo todas las expectativas, sí marca un cambio de rumbo sin precedentes a la hora de asegurar que las cuestiones relacionadas con la salud pública, el desarrollo y los derechos humanos sean elementos centrales, no secundarios, de las políticas de drogas. La nueva estructura del documento final, articulada en siete temas, ha contribuido en gran medida a ese cambio, al abandonar la estructura tradicional, que se centraba exclusivamente en tres pilares: reducción de la demanda, reducción de la oferta y cooperación internacional.

Mientras se siguen concretando las repercusiones de la UNGASS, esta guía subraya algunos de los párrafos fundamentales del documento final y examina cómo estos podrían ayudar a la sociedad civil, los gobiernos, los organismos de la ONU y otras partes interesadas en sus iniciativas para promover la reforma de las políticas de drogas. Por lo tanto, la guía no pretende realizar un análisis exhaustivo del documento final, sino más bien poner de relieve algunos de los términos más progresistas del texto y explicar cómo podrían emplearse para la incidencia política. 

Suscríbase a las Alertas mensuales del IDPC para recibir información sobre cuestiones relacionadas con políticas sobre drogas.