A pesar de la imagen de inmovilidad en materia de drogas que refleja Chile en la arena política internacional, el agua se está moviendo bajo la superficie y lo hace de la mano de colectivos científicos y sociales trabajando en políticas públicas para el cannabis al servicio de la comunidad.

“El 2.8% del PBI de los países de occidente, el 70% de los pacientes que padecen el dolor crónico lo padecen a pesar del tratamiento tradicional y para 2021 se estima que va a haber 15 millones más de pacientes con cáncer en el mundo y el 50% de los pacientes neoplásicos tienen dolor. Tenemos que definir cual es el problema de fondo. Tenemos un problema multidimensional y complejo en el que los médicos y los pacientes estamos insuficientemente informados y a menudo cargados de prejuicios, preocupados por las adicciones y no tenemos la regulación necesaria para poder resolverlos. El dolor tiene un componente sensorial pero siempre tiene un otro sociocultural que es construido, ignorar esto y la capacidad de los pacientes para proponer como abordar su salud nos lleva al fracaso” indica el Dr. Marcelo Morantes, especialista en terapias del dolor en la cátedra de Medicina Interna de la Universidad  Nacional de La Plata y oriundo de La Madrid durante el Encuentro Científico Social de Cannabis Medicinal, donde, aludiendo a motivaciones familiares y argumentos científicos, destaca la importancia del cannabis como alternativa terapéutica y subraya la importancia de que los médicos jóvenes entiendan sus mecanismos de acción, opciones prescriptivas, relación riesgo/beneficio y sus dosis e interacciones.

Participantes en las jornadas. De izquierda a derecha: xxx, Dr. Fernando Sepúlveda, Mariela Hernández, Dr. Marcelo Morante, Dr. Sergio Sánchez Bustos, Dr. Avelino Jiménez, Felix Alarcón. Copyright: Ines Gimenez

Al encuentro,  organizado en la ciudad austral de Concepción, Chile, por la Fundación Ciencias para el Cannabis y por Cultiva Conce también acudieron médicos como el psiquiatra Avelino Jiménez y el Dr. Sergio Sánchez Bustos, de Latinoamérica Reforma y IDHDP; y organizaciones y representantes del mundo comunitario como el dirigente vecinal Felix Alarcón; Cultiva Medicina, ADC Iquique o Dios te Salve. En este espacio y por tres intensos días se ofrecieron talleres sobre autocultivo y sobre la elaboración de fitofármacos a los que acudieron personajes de diversas generaciones y condiciones: desde mujeres rurales con cáncer, a jóvenes estudiantes, académicos, trabajadores sociales y madres conscientes de la necesidad de aprender sobre los efectos del consumo de cannabis en sus hijos, algo que es posible por el espíritu inclusivo de estos  encuentros que, según la Dra. Ximena Steinberg busca, entre otros, iluminar el conocimiento de los usos médicos de la planta y “ofrecer herramientas y alternativas a la comunidad en un país en el que miles de personas carecen del acceso efectivo a la salud”.

“La literatura que se publica sobre el sistema endocannabioide es mucha y hay muchos desafíos investigativos… Nuestras células producen y degradan endocannabinoides como la anandamida, la AEA y la 2-AG, y nuestro sistema endocannabinoide nos permiten desarrollar la homeostasis además, si tenemos un cuadro clínico producido por un exceso de actividad eléctrica como sucede en la epilepsia, tiene mucho sentido utilizar moléculas que disminuyan la actividad de las neuronas, como lo hacen los cannabinoides, como el THC y CBD.  La dosis que administremos es un aspecto crítico de la terapia, cualquier sustancia consumida en exceso puede ser perjudicial” –  indicó el Dr. Fernando Sepúlveda, director científico la Fundación Ciencias para el cannabis, quien también abordó los efectos de cannabinoides en procesos tumorales.

Por su parte, Felix Alarcón, líder vecinal y a quien avala una experiencia como dirigente sindical y vecinal desde los 70, relató su fascinante experiencia en La Cisterna, Santiago, donde intuitivamente usaron el cannabis como terapia de sustitución para “cabros enganchados a la pasta base”, algo que él hizo mucho antes de oír hablar del concepto de reducción de daños: “Como dirigente social, se me acercó una vecina a plantearme que los muchachos iban y le robaban la billetera, la plancha… todo a su madre… Este wevon o yo lo mato, o el me mata a mi. Teníamos el problema de los narcotraficantes que se agarraban a balazos todas las noches, y ahora esto…Por información que yo recibí me dijeron que la marihuana los dejaba tranquilos, les bajaba la agresividad… y entonces decidimos “hagamos lo siguiente, plantemos marihuana, y partí así, por necesidad, yo no pensé ni había nadie que me dijera te van a tirar la ley 20.000 encima, yo no pensé en eso….empezamos dándoles cinco cogollos diarios, y la verdad es que a las semanas ya no estaban consumiendo pasta base, la autoestima de estos muchachos es tan baja que hay que apoyarles, son enfermos, no criminales”, apuntó, enfatizando en como las autoridades de salud y del Servicio Nacional de Drogas (SENDA) se desentendieron cuando fue a plantearles su problema de fondo y que gracias a las redes tejidas al interior de la comunidad lograron enfrentar a los grupos del narcotráfico y reintegrar en la sociedad y en la universidad del trabajador (INFOCAP) a varios jóvenes. Esto es algo, por cierto, que muy raramente consiguen las comunidades terapéuticas, donde priman mecanismos como la administración de quetiapina, el control de orina o la imposición de creencias bíblicas.

Bloque de ciencias, UdeC. Copyright: Ines Gimenez

Otros participantes del encuentro también revisaron el (lento) avance de la ley de regulación del cannabis medicinal en el congreso, la historia del cáñamo en el país (muy presente, y de manera industrial, durante el virreinato español), la potencialidad y limitaciones de preparados farmacéuticos como Sativex, Berrocal y Marinol, la necesidad de un cambio de paradigma que pase por la “transvaloración de la conciencia” y nuevas relaciones médico-paciente, la arbitrariedad policial en las operaciones de incautación de cultivos, o la escena internacional de drogas de cara a la UNGASS 2016 sobre drogas, sobre la cual el gobierno de Chile ha mostrado una posición diplomática en pro de la salud y los derechos humanos que, al no mentar conceptos claves como la reducción de daños, en el fondo, se alinea con el prohibicionismo y desconoce el contexto regional, los avances en materia de investigación científica y social, y el fracaso de las políticas de desinformación: en Chile, después de décadas de criminalización, el 19% de la población dice haber consumido marihuana en el último mes y muchos desconocen su calidad y compuestos.

Así, bajo las aguas en apariencia inamovibles del país más sísmico del mundo, el amplio espectro de la política de drogas comienza a incorporarse poco a poco a la discusión que mediáticamente ha sido dominada por  el baile de números para plantas de autocultivo o  por las acciones de la Fundación Daya en La Florida. Urge que el Servicio Nacional de Drogas (SENDA), a cuya cabeza se encuentra el psiquiatra Mariano Montenegro, escuche las propuestas que, desde la periferia, la experticia y la experiencia médica, social y científica, imprimen rostro a las políticas públicas y permiten una mirada crítica sobre paradigmas fallidos y obsoletos. El carácter contingente y limitado de la producción científica prohibicionista; la desigualdad en la aplicación de las penas, la criminalización de la pobreza, los derechos civiles, la instrucción de los médicos en materia de cannabis  y los modelos de regulación posibles (patentes farmacéuticas, fitofármacos liberados, autocultivo, administración bajo prescripción médica...) son temas de creciente interés y debate por parte de la sociedad chilena.

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