Las personas que usan drogas a menudo hacen frente a una gran vulnerabilidad en múltiples formas, incluyendo virus de transmisión sanguínea (como el VIH y las hepatitis B y C), sobredosis, infecciones y heridas. Compartir equipo de inyección es una vía de transmisión altamente efectiva de HIV y ha resultado en la rápida expansión de la epidemia entre las personas que usan drogas en varios países. Las convenciones internacionales sobre drogas fueron creadas para asegurar “la salud y el bienestar de la humanidad”, aun y cuando las políticas de drogas alrededor del mundo tienden a centrarse más en la justicia penal y en la represión que en respuestas de salud.

Según las Naciones Unidas, alrededor de 12.7 millones de personas se inyectan drogas en el mundo –de las cuales el 13 por ciento viven con VIH y más de la mitad viven con hepatitis C. Algunos países han evitado las epidemias de VIH entre personas que usan drogas aplicando enfoques efectivos de reducción de daños. Por otro lado, algunos de los países que se han mostrado reluctantes a aplicar respuestas de reducción de daños –especialmente en Asia y en Europa del Este– más de un tercio de las personas que se inyectan drogas está viviendo con VIH. También hay vínculos claros entre el uso de drogas no inyectable (tales como el fumar cocaína crack) y los virus de transmisión sanguínea, especialmente a través de la transmisión sexual.

Reducción de daños

El término “reducción de daños” se refiere a las políticas y programas que desean reducir los daños de salud, sociales y económicos asociados con el uso de drogas. La reducción de daños es un enfoque de salud y de derechos humanos, y asume un enfoque pragmático y no prejuicioso para abordar los problemas relacionados con el uso de drogas. En vez de buscar reducir o eliminar el uso de drogas, estos enfoques se centran en ofrecer a los individuos y a las comunidades la información y las herramientas que necesitan para reducir los riesgos de salud. El enfoque de reducción de daños comprende una serie de intervenciones:

Las Naciones Unidas recomiendan un paquete de nueve intervenciones:

  1. Programas de agujas y jeringuillas
  2. Terapias de sustitución con opiáceos, y otros tratamientos de dependencia de drogas
  3. Realización de pruebas de VIH y asesoramiento
  4. Terapias antirretrovirales
  5. Prevención y tratamiento de las infecciones transmitidas sexualmente
  6. Programas de condones para personas que se inyectan drogas y para sus parejas sexuales
  7. Información, educación y comunicación enfocada a personas que se inyectan drogas y sus parejas sexuales
  8. Vacunas, diagnóstico y tratamiento de la hepatitis viral
  9. Prevención, diagnóstico y tratamiento de la tuberculosis

La Alianza Internacional por el VIH/SIDA recomienda un paquete que también incluye:

  1. Servicios de salud sexual y reproductiva, incluyendo la prevención de la transmisión de VIH de madres a niños.
  2. Comunicación para el cambio de comportamientos
  3. Servicios de salud básicos, así como la prevención y gestión de sobredosis,  y  la distribución de naloxona
  4. Servicios para las personas que son dependientes de las drogas o que usan drogas en prisión o en detención
  5. Incidencia política
  6. Apoyo psicosocial
  7. Acceso a la justicia y los servicios legales
  8. Programas para jóvenes y niños
  9. Desarrollo de medios de vida alternativos / fortalecimiento económico

Por último, la Guía sobre políticas de drogas del IDPC añade una intervención adicional de reducción de daños:

  1. Salas de Consumo de Drogas/ Instalaciones de inyección de drogas más seguras

Hoy, la reducción de daños es apoyada en teoría y/o en la práctica por 97 países y territorios, y a través de cada continente del mundo. A pesar de este reconocimiento generalizado, el término continúa siendo controvertido en algunos foros internacionales. La reducción de daños apoyada y promovida por un gran número de agencias internacionales –como la Asamblea General de las Naciones Unidas, ONUSIDA, la Organización Mundial de la Salud, ONUDD, el Consejo de Derechos Humanos, la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, PEPFAR y el Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA, Tuberculosis y Malaria. Sin embargo, en la Comisión de Estupefacientes (CND) de la ONU todavía hay una falta de consenso sobre la reducción de daños y el término se omite sistemáticamente de cualquier documento o acuerdo oficial.

Acceso a medicinas esenciales

Otro tema de salud clave para las políticas de drogas es la disponibilidad de drogas fiscalizadas para propósitos médicos y científicos. Varias drogas fiscalizadas también están clasificadas por la OMS como medicinas esenciales, reflejando su valor médico. Las convenciones internacionales de fiscalización de drogas prohíben el uso recreativo de estas sustancias, pero su cometido también es mejorar y proteger su uso para necesidades de cuidados paliativos, alivio del dolor y otros usos médicos.

Sin embargo, según la OMS, más del 80 por ciento de la población mundial tiene un escaso o inexistente acceso a los medicamentos basados en opiáceos para alivio del dolor –un claro fracaso del sistema de fiscalización de drogas. En 2010, la JIFE informó que más de 100 países tenían un consumo inadecuado de medicamentos basados en opiáceos, debido a barreras y a regulaciones excesivamente estrictas, presiones para subestimar las necesidades de opiáceos, sistemas insuficientes de oferta y distribución, y miedo de la desviación de opiáceos a los mercados ilícitos y a las intervenciones policiales.