El sistema global actual para el control de drogas tiene 100 años de antigüedad. Se inspiró en la constatación de que ningún país podría regular el consumo de drogas actuando aisladamente, dado que estas mercancías eran compradas y vendidas tan fácilmente a través de fronteras y jurisdicciones. Un control efectivo requeriría que los Estados trabajen conjuntamente como una comunidad internacional.

Tres convenciones componen los instrumentos de la legislación internacional sobre drogas:

El objetivo general de las convenciones sigue siendo el mismo que fue especificado hace un siglo – limitar la producción, distribución y consumo de drogas para fines científicos y médicos. Las tres convenciones proporcionan el mandato y apuntalan el funcionamiento de las agencias de la ONU involucradas en el control de drogas:

Las tres convenciones de control de drogas no son “auto-ejecutables” – ellas requieren que los Estados firmantes promulguen y apliquen legislación nacional a fin de cumplir con sus obligaciones bajo el tratado. No obstante, el sistema internacional brinda el marco regulatorio global, y sus agencias asisten a los gobiernos nacionales en el cumplimiento de los dispositivos de los tratados.

Sólo unos pocos gobiernos no han firmado los tratados que apuntalan el sistema global para el control de drogas, el cual ha sido durante muchos años considerado como una demostración del espíritu de cooperación internacional en nombre de la humanidad.

Sin embargo, recientemente se ha producido una creciente constatación de que el sistema dista de ser perfecto, y que requiere ser reexaminado radicalmente. Se suponía que dicha constatación guiase la evaluación del control de drogas por parte de la Sesión Especial de la Asamblea General de la ONU en 2009, la cual culminó reafirmando en gran medida los mecanismos actuales, representando de esta manera una oportunidad perdida de considerables proporciones.