Existe un claro vínculo entre drogas y desarrollo. Por ejemplo, el uso de drogas problemático y la dependencia de drogas a menudo es más habitual entre personas que son económicamente vulnerables, han sufrido traumas y/o están marginados socialmente. Además, la participación en los mercados ilícitos de drogas ocupa personas y recursos que de otro modo podrían utilizarse en la economía legal.

Cultivos de coca en Bolivia

Las plantas que son la base de la producción de opio, heroína, morfina y cocaína son cultivadas mayoritariamente por agricultores de subsistencia en algunas de las áreas más subdesarrolladas del planeta. Habitualmente estas regiones son lugares de conflicto armado continuo y de inestabilidad política. Los intentos tradicionales de detener el flujo de drogas desde las zonas de producción se han concentrado en la erradicación forzada de granos destinados a los cultivos ilícitos, tales como plantas de amapola y de coca. Esto ha llevado a un aumento en la pobreza, en las migraciones forzadas, en las hambrunas y en la exacerbación de los conflictos armados. Mientras tanto, los cultivos se han seguido cosechando. A veces, las medidas de fiscalización de drogas también han llevado a la población a apoyar a grupos insurgentes o a buscar empleo en bandas criminales, minando la seguridad y la buena gobernanza. Algunos se han referido, por tanto, a las políticas de drogas como una manera de “criminalizar la pobreza”.

Prisiones en Tailandia donde la mayoría de los presos están encarcelados por delitos de drogas

Las políticas de drogas ya no deberían buscar reducir la escala de los mercados de drogas, sino que deberían aspirar a reducir los daños asociados con estos mercados a través de un enfoque de desarrollo. Los esfuerzos deberían promover un cambio positivo en las personas implicadas en la producción, transporte, tráfico y consumo ofreciéndoles alternativas viables al tráfico de drogas. Deberían establecerse nuevos indicadores para medir el éxito de las políticas de drogas, basados en Índices de Desarrollo Humano. 

La asistencia para el desarrollo debería ser una medida incondicional en la reducción de cultivos ilícitos, asegurando que no se lleve a cabo ninguna erradicación hasta que los hogares de los pequeños agricultores hayan adoptado medios de vida sustentables y viables, y asegurando que las intervenciones estén programadas adecuadamente. Las organizaciones formadas por campesinos de subsistencia cultivando plantas destinadas a los mercados ilícitos deberían ser reconocidas, deberían formar parte de los debates y de la toma de decisiones a todos los niveles, en sus propios gobiernos, con los donantes y en las Naciones Unidas. Las intervenciones deberían cumplir los principios de protección de los derechos humanos, la resolución de conflictos, el alivio de la pobreza, la seguridad humana y el respecto de los valores y la cultura tradicional.

También promovemos que deberían incluirse factores atenuantes en las pautas de imposición de sentencias contra micro-traficantes, de manera que se dejen de aplicar sentencias de prisión desproporcionadas sobre aquellos implicados en el mercado de drogas debido a necesidades económicas (en su mayoría correos de drogas).