Mexico: “Somos el trofeo de la guerra contra las drogas”

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Mexico: “Somos el trofeo de la guerra contra las drogas”

8 febrero 2022

Por Mariana Mora / Revista Anfibia

Betty Maldonado vivía con su esposo y uno de sus hijos en la Ciudad de México. Tenía 42 años, tres hijos y casi dos décadas casada. Trabajaba en una fábrica de bolsas y vendía alimentos en la calle; su esposo trabajaba como hojalatero pintor. Siempre habían tenido una vida tranquila. Por eso se sorprendió cuando un día de agosto de 2009 un grupo de hombres llegó a su casa y le dijo que su marido debía casi 15 mil dólares por consumir cocaína. Betty no lo podía creer. A punta de amenazas, asumió la deuda de su compañero y empezó a trabajar con las organizaciones criminales para pagarla.

El trabajo de venta de Betty no duró mucho. El 3 de marzo de 2010 doscientos policías, apoyados por un helicóptero, llegaron hasta la casa. La detuvieron a ella, a su marido, a su hijo y a otras 19 personas que estaban en la vecindad. De todas las personas detenidas solo quedaron 8 sentenciadas. Betty fue condenada a seis años y seis meses de prisión por posesión, narcotráfico, narcomenudeo y portación de arma y cartucho de 9 milímetros.

Betty se refiere a la administración del ex presidente mexicano, Felipe Calderón, que declaró la guerra contra el narcotráfico en diciembre de 2006, a pocos días de haber asumido. La ofensiva se tradujo en la creación de la Ley de Narcomenudeo en 2009 y el endurecimiento de las penas a los delitos contra la salud. También entró en vigor en 2008 la Iniciativa Mérida, un programa bilateral antinarcóticos financiado por Estados Unidos y México centrado en el entrenamiento de policías y militares mexicanos y las reformas legales en el aparato judicial. El endurecimiento de las políticas prohibicionistas, que tomó solidez institucional en 2009, aumentó la población penitenciaria de mujeres en un 62.5% en un año, pasando de 21 mil 209 mujeres privadas de la libertad en 2008 a 34 mil 480 en 2009.

Que las mujeres empiecen a trabajar en la venta o tráfico de sustancias ilícitas para apoyar a sus parejas, como le pasó a Betty, es de lo más común. Incluso muchas son “obligadas por hombres en su entorno familiar, sujetas a dinámicas de violencia”, explica Viridiana Valgañón, abogada litigante de la organización feminista Equis, Justicia para las Mujeres. Pero las relaciones de poder con los hombres de su entorno no son el único factor de desigualdad que contribuye a que participen del mercado ilegal de las drogas: “hay mujeres que se involucran empujadas por la pobreza, por la marginación económica, social, incluso en muchos casos empujadas por la discriminación y violencia relacionadas con su raza”, dice Viridiana, quien junto a su equipo hace años que investiga el tema y acompaña a mujeres detenidas en causas por drogas.