Por Vice

Empecemos por aquello con lo que tenemos más experiencia: la amapola y sus derivados. Mucho se está discutiendo, en México y el mundo, sobre los opioides. En México tenemos ya llamados concretos —a nivel local y a nivel federal— para abandonar la prohibición de esta planta, abriendo la posibilidad a la producción legal de sus derivados.

¿Qué debería contemplar la regulación de la amapola o los opiáceos que de ella derivan? Recordemos la premisa de la que partimos: una regulación adecuada debe de tomar en cuenta al usuario y su búsqueda del “viaje”. Tenemos que distinguir entre los distintos tipos de viaje que buscan los usuarios, para poder regular adecuadamente cada uno. Por supuesto, hay tantos “viajes” como usuarios, pero creo que podemos identificar tres grandes tipos de usuarios y desarrollar regulaciones adecuada para cada uno. 

El primer viaje que debemos regular es el que busca alivio con fines médicos. Los medicamentos derivados de la amapola (los opiáceos) son legales; producidos y comercializados mediante un sistema de fiscalización internacional controlado desde la ONU. La India y Turquía, por ejemplo, cuentan con industrias legales de cultivo de amapola para producción de medicamentos. México es el tercer país productor de amapola ilícita en el mundo y primero en el hemisferio occidental. Sin embargo, en México el cultivo de amapola y la producción de fármacos derivados están prohibidas. Nuestra población no está ni cerca de tener el acceso necesario a los medicamentos paliativos derivados de la amapola, pues importamos lo poco que prescribimos y nuestros médicos prescriben mucho menos de lo que nuestros pacientes necesitan.