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El acuerdo de paz que se firmó el año pasado entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, las Farc, puso fin al conflicto más antiguo del continente americano. Pero el gobierno colombiano también ve en la paz la mejor oportunidad que Colombia ha tenido en décadas para acabar de una vez con el tráfico de drogas controlado por los guerrilleros, y poder sustituirlo con cultivos legales, aunque sean menos lucrativos.

La paz significa que los soldados ya no tienen que abrirse paso a tiros en el territorio de los rebeldes para arrancar plantas de coca ni desmantelar laboratorios de droga. Ahora las Farc, que formalmente entregaron las armas en junio, han unido fuerzas con el gobierno para que los campesinos dejen de cultivar coca, en una de las primeras colaboraciones entre los hasta hace poco enemigos.

Ahora, como parte de su plan de reconstrucción de los departamentos colombianos en la jungla y asolados por la guerra, el gobierno promete entregar dinero a las primeras 50.000 familias productoras de coca que acepten la oferta de sustitución: un pago mensual de unos 325 dólares por el primer año que los campesinos abandonen el cultivo de coca, seguido de subsidios para plantar nuevos cultivos y educación sobre cómo hacerlos crecer.

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Thumbnail: Flickr CC Colombia Johana Arias Valle