By Patricia Chulver Benítez

Tras el constante llamado de la ONU en Bolivia en favor de mitigar penas y aplicar medidas sustitutivas  a raíz del problema de desproporcionalidad que sufren (sobre todo) mujeres en nuestro sistema penal por sustancias controladas; es inevitable asumir que para enfrentar los problemas de justicia que atraviesa el país, nuevas lógicas se hacen imprescindibles.

Así como las aguas discurren en curso por su cauce, nuevas lógicas se desarrollan a partir de nuestra capacidad cognitiva de afrontar la evolución de los sucesos en el tiempo, mediante la evolución del pensamiento. 

Si se supone que nuestro éxito evolutivo biológico radicó en la capacidad de adaptación de nuestra especie hace aproximadamente seis millones de años en el África oriental, ¿por qué no hemos de suponer que el éxito de la supervivencia de nuestras civilizaciones radique también en la adaptación del pensamiento a su contexto?

Es ahí donde retomo el párrafo primero, recordando que la iniciativa de tomar nuevas lógicas en la justicia relacionadas a género y política de drogas; más que una iniciativa aislada, parece ser inevitablemente parte de un pensamiento colectivo que en la búsqueda y construcción  de una solución a sus problemas estructurales, debe generar constantemente nuevos enfoques en pos de la supervivencia de su sistema.

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Thumbnail : Flickr CC Ryan Anderton