Por Amira Armenta

Por fin un presidente de los Estados Unidos se atreve a expresar públicamente sobre el cannabis opiniones que muchos en todo el mundo estaban esperando: que la marihuana no es más peligrosa que el alcohol en términos de los impactos en la salud del consumidor; que las leyes de drogas en Estados Unidos recaen sobre todo en los grupos más desfavorecidos de la población, jóvenes afroamericanos y latinos; y que apoya los esfuerzos de legalización de los estados de Colorado y Washington.

Aunque en la práctica estas palabras nada cambian, no son poca cosa. Como lo dijera Ethan Nadelmann, que el presidente considere “importante” lo que hacen esos dos estados es como un soplo de “viento en las velas del movimiento que se opone a la prohibición del cannabis”. Y si bien no se puede decir que las palabras de Obama sean el comienzo del fin de la prohibición del cannabis, porque este proceso ya comenzó y ha avanzado enormemente en los últimos dos años, sí se podría especular que la regulación del cannabis es un proceso que ya no detiene nadie. El hecho de que Obama en una entrevista se haya atrevido a hablar francamente sobre un tema tan controvertido demuestra solamente cuán grande es el terreno avanzado en el cambio de la percepción hacia el cannabis. Será cuestión de tiempo ver cómo en cada vez más lugares y países del mundo se dan los pasos necesarios para la legalización del mercado y usos de esta sustancia.


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